Carrito de la compra
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Nuestro encuentro


Estaba decidida a viajar por el mundo. Sin rumbo y con la juventud en mis venas, comencé un viaje creyendo que exploraría el planeta, no tenía idea que en realidad me estaba descubriendo a mí.


En el camino conocí a muchos otros viajeros. Cada uno llevaba consigo una habilidad que le ayudaba a mantenerse; algunos hacían artesanías, cocinaban, dibujaban o hacían música. Todos sabían hacer algo y con eso se mantenían. 


Yo había tenido que dejar la universidad a medias pues no podía seguirla pagando, y sin saber qué hacer de mi, me fui a una playa en donde encontré un empleo de medio tiempo en una nevería, el resto del tiempo lo pasaba nadando en el mar o caminando por la playa.


Conocí mucha gente, en uno de esos encuentros, cambié unos dibujo a por una receta de chocolate y empecé a venderlo para sostenerme, pronto pude dejar de trabajar en la nevería y no tardé mucho mas en comenzar a viajar. Era una forma simple de seguir el camino, sin grandes planes, solo moviéndome con lo que tenía en ese momento.


Un día algo diferente apareció en mi camino, conocí a un artesano que me mostró un artefacto que nunca había visto antes, lo llamaba mándala. La tomé entre mis manos sin entenderla del todo, pero algo en su movimiento me cautivó desde el primer momento.


No sabía aún lo que significaba, ni lo que representaba en profundidad, pero había algo en su forma circular, en su repetición, en su equilibrio, que simplemente me atrapó.


Ese encuentro no parecía importante en ese momento, no tenía idea de que marcó el inicio de algo completamente distinto, cambiando mi vida para siempre.