Cómo comenzó todo: la historia detrás de mi camino de sanación
A veces no comenzamos un camino porque sabemos hacia dónde vamos. Comenzamos porque ya no sabemos cómo seguir.
Todo comenzó en 2022.
Recuerdo que estaba viendo una serie de televisión cuando algo dentro de mí hizo clic. Mientras veía aquella historia, empecé a reconocerme en algunas de las situaciones y emociones que estaban mostrando.
Por primera vez pensé:
“¿Y si lo que me está pasando es algo más que estar pasando por una mala etapa?”
Comencé a investigar.
Quería entender por qué me sentía como me sentía.
No tenía fuerzas para hacer muchas de las cosas que antes quería hacer. Me costaba crear, avanzar y encontrar motivación. Podía explotar por cualquier cosa y sentía que muchas veces no tenía control sobre mis propias reacciones.
Y mi mente parecía vivir en dos lugares al mismo tiempo.
Una parte de mí estaba constantemente en el pasado, recordando lo que había hecho, lo que no debí hacer, lo que no debí permitir, las decisiones que hubiera tomado de otra manera.
La otra parte estaba en un futuro que no conseguía imaginar con claridad.
Había llegado a los 40 años y miraba mi vida pensando en todo aquello que imaginaba que habría conseguido para entonces.
Y muchas de esas cosas no estaban allí.
Había intentado reinventarme muchas veces. Empezaba proyectos, buscaba caminos diferentes, intentaba cambiar mi situación… y muchas veces terminaba sintiendo que había vuelto al mismo lugar.
Era frustrante.
Y además me sentía juzgada por la manera en que estaba viviendo mi vida.
Poco a poco empecé a sentir que estaba perdiendo mi presente.
Vivía recordando lo que había pasado y preocupándome por lo que podría pasar.
Pero casi nunca estaba realmente aquí.
Entonces mi cuerpo también comenzó a hablar
En aquella época comenzaron unas palpitaciones que para mí eran completamente inusuales.
Eran episodios muy fuertes. Sentía que perdía la fuerza de todo mi cuerpo.
Para entonces también estaba viviendo ataques de ansiedad, ataques de pánico y episodios de ira que me resultaban difíciles de controlar.
Comencé a realizarme estudios para entender qué estaba ocurriendo.
Durante ese proceso detectaron nódulos en mi tiroides y otras alteraciones que necesitaban seguimiento médico. En una consulta con el endocrinólogo le expliqué, de manera bastante resumida, lo que estaba viviendo.
Él me escuchó.
Y después me dijo algo que se quedó conmigo.
Por los resultados que estaba viendo, consideraba que estaba atravesando un cuadro depresivo importante y que podía empeorar. Pero también creía que yo podía hacer mucho para cambiar mi situación y me animó a trabajar en mí misma sin asumir que la única respuesta tenía que ser la medicación.
Salí de aquella consulta diferente.
No porque todo estuviera solucionado.
Sino porque alguien que apenas me había visto un par de veces me había dicho algo que yo necesitaba escuchar:
Creía en mí.
Y entonces decidí creer un poco más en mí también.
Empecé a buscar la raíz
Me puse manos a la obra.
Si había llegado hasta aquel punto, quería entender por qué.
Quería saber cuándo había comenzado todo.
Qué había ocurrido.
Qué experiencias me habían llevado hasta allí.
Qué estaba cargando.
Qué había aprendido.
Qué patrones estaba repitiendo.
Y, sobre todo, qué podía hacer yo para cambiarlo.
Comencé por cosas que estaban en mis manos.
Cambié mi alimentación.
Comencé a hacer ejercicio.
Y seguí investigando.
Muchísimo.
Sentía que estaba buscando un tesoro perdido.
Y un día, mientras buscaba precisamente eso en una librería, encontré un libro que cambiaría el rumbo de mi vida:
El Código de la Emoción, del Dr. Bradley Nelson.
Lo leí en portugués en aproximadamente dos semanas.
Y comencé a experimentar conmigo misma lo que estaba aprendiendo.
Después conseguí el libro en español y lo volví a leer.
Y aquella segunda lectura fue diferente.
Ya no estaba simplemente leyendo.
Estaba integrando.
Comencé a practicar la liberación de emociones conmigo misma.
El comienzo de una transformación que no esperaba
Uno de los primeros trabajos que realicé fue la liberación de lo que el método denomina el “muro del corazón”.
Después comencé a trabajar diferentes emociones, una por una, y a explorar distintas partes de mi experiencia.
También empecé a aplicar lo que estaba aprendiendo con mis hijos.
Y poco a poco comencé a notar cambios.
Me sentía físicamente diferente.
Algunos dolores que llevaba tiempo experimentando fueron disminuyendo con el paso del tiempo. Dejé de sentir el dolor de mis rodillas como antes y, gradualmente, sentí que mi cuerpo estaba mucho más ligero.
Pero el cambio no fue solamente físico.
Empecé a disfrutar nuevamente de cosas pequeñas.
Mi mente comenzó a sentirse más clara.
Mis días empezaron a ser diferentes.
Lloraba mucho menos.
Y algo que para mí fue especialmente importante comenzó a ocurrir:
ya no sentía que tenía que reaccionar ante absolutamente todo.
Estaba empezando a recuperar algo que durante mucho tiempo había sentido perdido:
el control sobre mí misma.
Después descubrí algo todavía más profundo
Pensé que ya había encontrado la respuesta.
Pero no.
Todavía había muchísimo por aprender.
Cuando comencé a trabajar con lo que el método denomina emociones heredadas, mi experiencia tomó otra dimensión.
En algunas ocasiones aparecían imágenes, sensaciones y pequeños fragmentos de escenas que yo experimentaba como si estuviera viendo una película antigua, con colores apagados.
Algunas de esas experiencias fueron tan marcadas que terminé incorporando dos de ellas, las que más me impactaron, a mi propio libro.
También tuve experiencias en las que sentí profundamente la presencia y el agradecimiento de mis ancestros por aquello que estaba trabajando.
No pretendo decirte que tienes que vivir exactamente lo mismo.
Esta fue mi experiencia.
Y precisamente por eso decidí documentarla y contarla.
Porque para mí había comenzado a ocurrir algo que no podía ignorar.
Y entonces quise contárselo a todo el mundo
Me había pasado tanto tiempo sintiéndome perdida que, cuando empecé a encontrar herramientas que me ayudaban a comprenderme, quería hablar de ellas con todo el mundo.
Quería gritar:
“¡Miren lo que podemos descubrir cuando empezamos a conocernos de verdad!”
Se lo contaba a las personas.
Les enseñaba lo que estaba aprendiendo.
Intentaba explicarles todo aquello que estaba descubriendo.
Pero muchas veces nadie prestaba demasiada atención.
Y, aun así, yo continué.
Porque ya no estaba buscando solamente sentirme mejor.
Había despertado en mí una necesidad mucho más grande:
ayudar a otros, si en mi estaba funcionando en otros también.
Y seguí buscando
Después descubrí nuevas herramientas y continué formándome.
Dentro del mismo camino de aprendizaje conocí otros enfoques, entre ellos el trabajo con los desequilibrios que aparece desarrollado en El Código del Cuerpo.
Esto abrió para mí una nueva manera de observar la relación entre nuestras experiencias, nuestras emociones y la forma en que vivimos nuestro cuerpo.
Cuanto más estudiaba, más comprendía que una experiencia no siempre aparece aislada.
Una cosa puede relacionarse con otra.
Un patrón puede alimentar otro patrón.
Una emoción puede estar relacionada con otras experiencias.
Y aquello que al principio parece un solo problema puede terminar convirtiéndose en una red mucho más grande de situaciones que necesitan ser observadas.
Para mí, aprender a mirar esa red fue fundamental.
Pero todavía no había terminado.
Porque cada vez que encontraba una respuesta, aparecía una nueva pregunta.
Y esa búsqueda me llevó a seguir estudiando, experimentando y conociendo nuevas herramientas.
Hasta que, con el tiempo, todas esas experiencias comenzaron a unirse.
Así comenzó el método que hoy comparto
Mi método no nació de un día para otro.
No nació simplemente de un libro.
Nació de una búsqueda personal.
De haberme sentido perdida.
De querer entender por qué reaccionaba como reaccionaba.
De buscar respuestas en mi pasado, en mis emociones, en mis pensamientos y en mis patrones.
De estudiar.
De experimentar conmigo misma.
De equivocarme.
De continuar.
Y, sobre todo, de descubrir que mi propio proceso todavía tenía mucho que enseñarme.
Hoy sé que aquella mujer que comenzó a investigar en 2022 no tenía idea de hasta dónde iba a llegar.
Ella solamente quería dejar de sentirse como se sentía.
No sabía que aquella búsqueda terminaría convirtiéndose en un camino de transformación que después querría compartir con otras personas.
Y esta historia todavía no termina.
Porque lo que comenzó como una búsqueda desesperada por entenderme terminó convirtiéndose en una búsqueda mucho más profunda:
comprender, liberar, reprogramar y aprender a vivir desde una versión diferente de mí misma.
Esta es la historia de cómo todo comenzó.