Ismail Kadare El cerco
En «El cerco» Ismaíl Kadaré recrea con singulares fuerza y viveza los
meses angustiosos y terribles en que la gente de Albania, al mando del
príncipe Jorge Castriota el mítico Scanderberg y tras negarse a someterse al
imperio otomano, afrontó el embate de su poderoso ejército, así como los
cruentos combates librados entre ambos bandos: el comienzo de las guerras
balcánicas que, con el peso de la religión de fondo, han llegado hasta
nuestros días. La novela puede verse, a la vez, como reflejo metafórico de
lo que fue Albania durante la Guerra Fría: un territorio aislado cuyo
particular régimen comunista se sentía cercado tanto por las potencias
occidentales como por sus correligionarios vecinos del Este.
Introducción
Ismaíl Kadaré escribió Rrethimi (El cerco) en 1969, que apareció en su
primera versión albanesa, en 1970, bajo el título de Kështjella (La fortaleza)
a propuesta del editor, con el fin de poner énfasis en la resistencia, en la
parte de la historia que en el relato mismo aparecía menos destacada: los
albaneses mismos. En realidad, el título concebido originalmente para la
edición albanesa por el autor era Kasnecet e shiut (Los tambores de la
lluvia), pero aceptó la sugerencia, sabedor de los recelos que la narración
despertaría, con el fin de garantizar su supervivencia. De hecho, Kadaré
salía con esta novela de una profunda crisis creativa: después de haber
publicado su arriesgada y experimental El monstruo, casi ignorada por la
crítica oficial y marginada de inmediato, escribió y publicó Dasma (La
boda), aplaudida por esa misma crítica y considerada por el autor su única
obra «dogmática» (según su propia calificación), una concesión a la
doctrina literaria imperante o una cesión a la presión estética ambiental.
Después de ello, Kadaré consideró seriamente la posibilidad de abandonar
la literatura y se sumió en el decaimiento. Según él mismo ha contado con
posterioridad, en ese estado de apatía se topó con el texto de un viejo relato
corto, propio, acerca de un bajá turco que se quitaba la vida después de que
los tambores de la lluvia anunciaran el fin, y el fracaso, de su asedio a una
fortaleza albanesa. Estos tambores militares tan peculiares se los había
encontrado a su vez, en su época de estudiante de literatura en Moscú, en un
viejo relato «ornamentalista» de Leonid Leonov, de título Tautamura, de
acuerdo con el nombre de un caudillo mongol que dirigía una expedición a
través del desierto y en cuyo ejército aparecía un destacamento especial de
tambores cuyo específico cometido consistía en anunciar sonoramente la
lluvia…