No te des por vencido
La adversidad es real. Ninguna promesa de fe niega que existan momentos genuinamente
difíciles: pérdidas, enfermedades, crisis financieras, relaciones rotas, temporadas donde todo
parece estar en contra. Reconocer esta realidad no es falta de fe; es honestidad frente a la vida.
Pero junto a esa realidad existe otra verdad, igual de firme: quien sostiene su confianza en Dios
no enfrenta la adversidad sin recursos ni sin compañía. La fidelidad de Dios no depende de que
las circunstancias sean favorables, y la victoria prometida no es la ausencia de dificultad, sino la
certeza de que ninguna dificultad tiene la última palabra sobre quien confía en É