Mario Vargas LLosa - El Pez En El Agua (Memorias)
ESE SEÑOR QUE ERA MI PAPÁ
Mi mamá me tomó del brazo y me sacó a la calle por la puerta de servicio de la
prefectura. Fuimos caminando hacia el malecón Eguiguren. Eran los últimos días de 1946
o los primeros de 1947, pues ya habíamos dado los exámenes en el Salesiano, yo había
terminado el quinto de primaria y ya estaba allí el verano de Piura, de luz blanca y
asfixiante calor.
—Tú ya lo sabes, por supuesto —dijo mi mamá, sin que lo temblara la voz—. ¿No
es cierto?
—¿Qué cosa?
—Que tu papá no estaba muerto. ¿No es cierto?
—Por supuesto. Por supuesto.
Pero no lo sabía, ni remotamente lo sospechaba, y fue como si el mundo se me
paralizara de sorpresa. ¿Mi papá, vivo? ¿Y dónde había estado todo el tiempo en que yo lo
creí muerto? Era una larga historia que hasta ese día —el más importante de todos los que
había vivido hasta entonces y, acaso, de los que viviría después— me había sido
cuidadosamente ocultada por mi madre, mis abuelos, la tía abuela Elvira —la Mamaé— y
mis tíos y tías, esa vasta familia con la que pasé mi infancia, en Cochabamba, primero, y,
desde que nombraron prefecto de esta ciudad al abuelo Pedro, aquí, en Piura. Una historia
de folletín, truculenta y vulgar, que —lo fui descubriendo después, a medida que la
reconstruía con datos de aquí y allá y añadidos imaginarios donde resultaba imposible
llenar los blancos— había avergonzado a mi familia materna (mi única familia, en verdad)
y destruido la vida de mi madre cuando era todavía poco más que una adolescente