Formados no aplaudidos
Existe una tendencia natural a buscar el elogio y evitar la corrección. Sin embargo, quienes han
crecido de forma sostenida en cualquier área —deportiva, profesional, espiritual— coinciden
casi siempre en algo contraintuitivo: el crecimiento real rara vez proviene de los aplausos.
Proviene del desafío, de la corrección honesta y, en muchos casos, de la confrontación directa
hecha desde el cuidado genuino, no desde el ataque.
Esta idea, aplicada al liderazgo, cambia por completo la forma de entender el rol de quien dirige
un equipo, una empresa o cualquier proyecto colectivo. Un líder no está llamado a hacerlo todo
ni a ser el centro de cada resultado, como una orquesta que ejecuta cada instrumento por sí
sola. Está llamado a identificar el talento de otros, formarlo con honestidad, incluso cuando eso
implica confrontar, y soltar responsabilidad real para que el equipo pueda crecer más allá de la
capacidad individual del líder.