Introducción
¿Alguna vez has escuchado a una persona hablar español con un acento extranjero muy marcado y te has preguntado por qué comete ciertos "errores" de manera tan consistente? Solemos pensar que son fallos aleatorios, pero la realidad es mucho más fascinante. Esos aparentes errores son, en realidad, el resultado lógico del choque entre dos sistemas de sonidos completamente diferentes.
Un análisis profundo de la "interlengua" —ese sistema lingüístico intermedio que crea un aprendiz mientras domina un nuevo idioma— de los hablantes de coreano que aprenden español, basado en investigación académica, revela patrones increíblemente lógicos. No se equivocan al azar; están aplicando las reglas de su lengua materna a un nuevo idioma. Este artículo explora cuatro de los fenómenos fonéticos más impactantes que explican estas dificultades, y te prometemos que cambiará para siempre tu perspectiva sobre los errores y el maravilloso proceso de aprender una nueva lengua.
1. El famoso dilema de la "R" y la "L": es más complejo de lo que crees.
La dificultad para distinguir entre los sonidos /r/ y /l/ es uno de los rasgos más conocidos del acento de los hablantes de algunas lenguas asiáticas. Sin embargo, en el caso del coreano, esta confusión no es para nada aleatoria, sino la aplicación rigurosa de una regla fonológica de su lengua materna. El término técnico para este desafío es infradiferenciación fonológica: el cerebro del aprendiz trata dos sonidos distintos en la lengua meta como si fueran una sola categoría en su lengua nativa.
En coreano, el sonido lateral [l] (como en "luna") y la percusiva [ɾ] (la "r" de "caro") no son dos fonemas distintos, sino variantes, o alófonos, del mismo fonema fundamental. Su cerebro elige cuál pronunciar basándose en una regla posicional estricta:
- Se pronuncia como [ɾ] (percusiva) cuando está al inicio de una sílaba (posición explosiva).
- Se pronuncia como [l] cuando está al final de una sílaba (posición implosiva).
El problema no es solo la confusión entre estos dos sonidos, sino sus "distintas variantes combinatorias". En español, "raro" y "lalo" son posibles; en coreano, esa libertad no existe. Pero el punto más sorprendente es otro: el sonido de la vibrante múltiple /r/ del español (la "rr" de "carro") simplemente no existe en el inventario fonético del coreano. Al no tener ese sonido, los aprendices se ven obligados a sustituirlo por el más cercano que conocen: la percusiva simple /ɾ/. No es un error, es una sustitución lógica ante un sonido ajeno a su sistema.
2. La "vocal fantasma" que se cuela en palabras como "triste".
En español, los grupos de dos consonantes al inicio de una sílaba, como br-azo, pl-ato o tr-iste, son extremadamente comunes. Estas estructuras, conocidas como grupos consonánticos, son parte esencial de nuestra fonología.
Aquí encontramos un contraste radical. En coreano, la estructura silábica canónica es C(G)V(C), y su sistema fonológico prohíbe taxativamente los grupos consonánticos en posición de ataque silábico. Para el cerebro de un hablante de coreano, una secuencia como "tr-" es, sencillamente, impronunciable y debe ser reestructurada para encajar en su plantilla silábica.
¿Cuál es la solución lógica que encuentra su sistema para resolver este conflicto? Insertar una vocal muy breve y casi imperceptible para romper la secuencia "ilegal". Este fenómeno se conoce técnicamente como la inserción de un "elemento esvarabático". Por ejemplo, la investigación muestra que la palabra triste [ˈt̪ɾis̪t̪e] es a menudo pronunciada como si tuviera una vocal fantasma entre la 't' y la 'r'. De nuevo, no es un fallo, sino una estrategia brillante y automática para preservar la estructura silábrica de su lengua materna.
3. El interruptor de la voz: por qué "vaso" puede sonar a "paso".
Para entender este punto, necesitamos una distinción básica: las consonantes sordas se producen sin vibración de las cuerdas vocales (como /p/, /t/, /k/), mientras que las sonoras sí vibran (como /b/, /d/, /g/). En español, la sonoridad es un rasgo distintivo primario. Podemos decir vaso y paso, y la diferencia es clara desde el inicio.
En coreano, este "interruptor" de sonoridad funciona de manera totalmente diferente: el que un sonido sea sordo o sonoro no es una característica fundamental, sino que está determinado por su posición. La regla es que las oclusivas relajadas como /p/ o /t/ son sordas a principio de palabra, pero se convierten automáticamente en sonoras ([b] o [d]) cuando aparecen entre vocales. La aplicación de esta única regla al español crea dos "errores" opuestos, que son las dos caras de la misma moneda:
- Ensordecimiento: Un aprendiz de coreano tenderá a pronunciar las consonantes sonoras del español como sordas si están al inicio de una palabra. Por ejemplo, video [biˈð̞eo] puede sonar a [piˈð̞eo]. Están aplicando la regla de su lengua, donde un sonido como [b] no puede empezar una palabra.
- Sonorización: A la inversa, pueden convertir una consonante sorda en sonora si aparece entre vocales. Por ejemplo, paquete [paˈket̪e] puede sonar a [paˈɣ̞et̪e]. Esto ocurre porque en coreano, una /k/ entre vocales se sonoriza y debilita, convirtiéndose en una aproximante velar sonora [ɣ̞] (el mismo sonido de la "g" en "lago").
Este fenómeno es una prueba contundente de que los aprendices no cometen errores al azar, sino que aplican un sistema de reglas increíblemente consistente, aunque sea el de su lengua nativa.
4. Palabras trampa: el curioso caso de "ciencia" y "casi".
Un observador atento podría notar que los hablantes de coreano a menudo pronuncian la /s/ del español de una forma distinta cuando va seguida de la vocal /i/. No suena exactamente como la "s" de "sopa", sino más bien como un sonido cercano a la "sh" del inglés.
La razón es, de nuevo, una transferencia directa de una regla alofónica del coreano. En su idioma, el fonema /s/ tiene dos realizaciones principales: se pronuncia como una /s/ alveolar normal, pero se convierte automáticamente en una fricativa alveopalatal sorda [ɕ] —un sonido muy parecido a la "sh" del inglés— cuando precede a la vocal /i/. Al igual que la /r/ y la /l/ del primer punto, [s] y [ɕ] son, para un hablante de coreano, variantes del mismo sonido fundamental.
La investigación de Lee H. C. (1993), citada en los estudios analizados, lo explica de forma contundente:
“[...] los hablantes coreanos son propensos a transferir la [s] española situada ante la [i] o la [j] a su modo articulatorio.
Este es un ejemplo perfecto de cómo una regla fonológica muy específica y nada obvia de la lengua materna crea una dificultad predecible y sistemática. No es que no puedan pronunciar la /s/ española; es que su cerebro está programado para cambiarla en ese contexto concreto.
Conclusión: Los errores no son fracasos, son un mapa del aprendizaje
Como hemos visto, los "errores" de pronunciación de los aprendices de coreano no son fallos, sino fenómenos sistemáticos y lógicos, producto de la interferencia de un sistema fonológico materno robusto y coherente.
Esta perspectiva nos invita a ver el error como una parte positiva y reveladora del proceso de aprendizaje. Como señaló el lingüista S. P. Corder en 1967, los errores son increíblemente útiles en tres sentidos: "primero, para el profesor porque le brinda información sobre el progreso del estudiante... en segundo lugar, al investigador le da evidencia de cómo el estudiante aprende o utiliza estrategias... y, en tercer lugar... para el estudiante mismo, porque puede considerar que a través del error también se puede aprender". Son un mapa de su viaje lingüístico.
Ahora que conoces la lógica detrás de estos "errores", ¿escucharás los acentos de una manera diferente?
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