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Dios nos da la victoria en tiempos de batalla

Dios es propicio para cada tiempo de nuestra vida. Dios fue el proveedor de Israel en el desierto, y aunque era un lugar difícil, Dios nunca faltó con Su provisión y protección, siempre suplió las diversas necesidades de Israel en éste complicado lugar. Ahora Josué e Israel, deben iniciar la conquista de la tierra prometida, lo que implica batalla con los ejércitos cananeos, es pues un nuevo tiempo de avanzada y guerra...     


“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él,  el cual tenía una espada desenvainada en su mano... Entonces Josué, postrándose… le adoró… Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo” Josué 5:13-15.


Josué tiene un encuentro con el Señor precisamente antes de las batallas en Canaán. El Señor se manifiesta como Príncipe del ejército de Dios para las batallas que ahora enfrentarían. Una vez más Dios se revela de acuerdo al momento por el que atravesamos, él viene a equiparnos y animarnos para enfrentar los nuevos desafíos.


Josué e Israel deben pasar por una transición, del Dios proveedor en el desierto al Dios de los ejércitos; de estar en la posición de recibir la provisión del Señor a batallar y conquistar la tierra prometida. De igual manera el creyente debe transicionar de sólo esperar la provisión a conquistar los nuevos desafíos que Dios pone por delante.

          

Nuestro Dios es además guerrero, nunca ha perdido ninguna batalla, requiere de su ejército obediencia, sensibilidad a Su voz, firmeza ante el enemigo y santidad, por eso se manifiesta así a Josué: con una espada desenvainada, como Príncipe (del hebreo “sar” que significa: jefe, capitán, general, cabeza) del ejército de Dios y le ordena quitar su calzado, pues era santo el lugar donde estaba, y surge la pregunta ¿dónde estaba? En tierra cananea, tierra pagana, idolátrica, pero la presencia de Dios allí la santificaba. No es el resplandor de la decoración, ni el brillo de la fantasía, ni la arquitectura religiosa lo que hace santo un lugar, sino la manifestación gloriosa de la presencia de Dios allí.


El señor le ordena a Josué “Quita el calzado de tus pies”, el calzado es figura de nuestro andar. Recordemos que Jesús lavó los pies a sus discípulos. Aunque seguimos a Jesús, a veces nuestros pies se ensucian en éste peregrinar terrenal, y debemos ir al Señor para que éstos sean limpiados por Su sangre, y ejercitarnos en el Espíritu y en Su Palabra para andar por el camino de la santidad.


Ahora, el Señor se manifiesta así (“Príncipe del ejercito de Jehová”) a Josué animándole a seguir adelante, pues Su presencia estaría con él, aunque ya no estaba Moisés, Dios seguía allí, cuando Israel estuviera en batalla aquí en la tierra, desde el cielo los ejércitos angelicales estarían a su favor, y aunque Israel vería a Josué dirigiendo, en realidad su capitán sería Jesucristo nuestro Señor, y así los ejércitos cananeos no prevalecerían contra el pueblo de Dios. 

  

Reflexión final: La Escritura nos dice que Dios nos lleva de gloria en gloria, él conduce nuestra vida hacia lo nuevo, él ha estado con nosotros y seguirá ayudándonos, su provisión y protección no nos ha faltado, ni nos faltará, él nos conduce hacia Su voluntad. No desmayes, fortalécete en Su palabra, porque fiel es el que prometió.


Habla con Dios: Gracias Dios por tu protección y provisión. Aunque ande por caminos difíciles que forman parte del recorrido por tu voluntad sé que nunca me abandonaras. Gracias por fortalecerme y equiparme para la batalla, eres tu quien adiestra mis manos y renueva mis fuerzas. Muchas gracias por venir conmigo. Amén.

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