Al comenzar su reinado, Uzías tomó la firme decisión de buscar al Señor. El versículo cinco nos dice que el rey Uzías “persistió”, la raíz de éste término hebreo significa: respirar; ser (en sentido de existencia), acontecer, llegar a ser, existir. Así pues, Uzías existía para buscar a Dios, era su pasión, era la razón de vida en su juventud y llegó a hacerse altamente poderoso. Buscar a Dios debe ser un estilo de vida.
“… De dieciséis años era Uzías cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén... E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Amasías su padre. Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que buscó a Jehová, él le prosperó” 2 Crónicas 26:1-5.
Buscar a Dios ¿qué significa aquí? No podemos negar que ésta es una frase casi de moda en los círculos cristianos. Pero vamos un poco más allá a la luz del texto leído. El término hebreo usado aquí para buscar, traduce además: indagar, consultar, preguntar, requerir, frecuentar, pisar, seguir. Es pues, ir en pos de Dios mismo y conocer todo lo posible acerca de él. Él término hebreo es “darásh” y en algunos pasajes bíblicos se traduce adorar.
Es muy importante que procuremos caminar con otros buscadores de Dios. Zacarías era un profeta (vidente). Su nombre, Zacarías significa: Dios se ha acordado; el Señor ha traído a memoria. Por supuesto, Dios no olvida nada, y nada se le pasa por alto, pero Zacarías era un hombre de intimidad con el Señor, era un hombre que atraía la mirada de Dios. Cómo profeta del Señor, su oído estaba desarrollado y ejercitado para discernir la voz del Altísimo. Él estaba al lado del rey Uzías.
Zacarías era entendido en visiones. Esto significa que hacía distinción, separaba, comprendía, era un hombre prudente, inteligente por la sabiduría que de Dios tenía, había sido adiestrado, capacitado en lo profético. Al moverse en un ambiente profético, es decir del Espíritu Santo, veía en el espíritu, es importante tener en cuenta que dice: “entendido en visiones de Dios” (no eran las de él, eran las que Dios le permitía ver). Por esa pasión por Dios, Zacarías inició a Uzías en los caminos del Señor.
La visión de Dios va de la mano con el conocimiento de las Sagradas Escrituras. En el primer libro de Samuel 3:1, dice así: “El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia”. Cuando hay escasez de la Palabra de Dios, hay escasez de una correcta visión del Señor y de sus planes.
Cuando hay escasez de Su Palabra, los caminos por donde andamos son oscuros, pues la Escritura dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.
La prosperidad es integral y la quiere Dios para sus hijos.
El texto que leemos hoy nos dice: “en estos días que buscó a Jehová, él le prospero”, aquí el término hebreo usado para prosperar es “saleaj” que significa también: triunfar, prosperar, ser efectivo. Al ver la vida de Uzías vemos que Dios lo prosperó de manera integral: creció espiritualmente, venció a sus enemigos, edificó ciudades, tuvo muchos ganados y una extensa agricultura, y un gran ejército armado con lo mejor y más avanzado del momento.
Al observar la Escritura, vemos que los buenos reyes fueron aquellos que buscaron a Dios, y estos reyes piadosos fueron prósperos en todo. El rey Uzías, un día abandonó la decisión que había tomado (buscar a Dios), y su corazón se rebeló contra el Señor, y este fue el motivo de su ruina: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios” (2 Crónicas 26:16).
Dios nos bendice por buscarlo, pero la bendición no debe ser la prioridad, amar y seguirlo a él es lo más importante. Cuando creemos que lo que tenemos o somos capaces de hacer se debe a nuestras propias virtudes y no reconocemos que es por la gracia de Dios, estamos sembrando nuestra propia caída.
Reflexión final: Después de la salvación, el don más preciado que el hombre puede tener, es un corazón cuya satisfacción sea buscar el rostro de su Dios; después de la preciosa sangre del Cordero de Dios, la mayor bendición y privilegio de un hombre es mantener una buena comunión con su Señor.
Habla con Dios: Señor todo lo que tengo y puede hacer es por tu gracia y misericordia. Enséñame cada día a mantener un espíritu humilde, que te de gloria. Dame Dios un corazón que te busque todos los días de su existencia, que sólo tu presencia pueda saciar mi sed. Gracias por guardarme para ti. Amén.