¿Alguna vez te has hecho esta pregunta?
Piénsalo por un momento…
Algunos muy fácilmente y con prontitud responderán que la forma en la que entienden es “la verdad”, otros quizá se conforman a decir que entienden de forma suficiente. Pero pocos, creo muy pocos, le dedican realmente lo suficiente al entendimiento como para llegar a notar las -inmensurables dimensiones- de la propia ignorancia.
Comparto aquella paradoja que muchos pensadores en la historia observan muy común entre los hombres:
Los dedicados al saber aseguran ignorar demasiado, y están llenos de preguntas; mientras que los que ignoran al saber, aseguran entenderlo todo, y tener todas las respuestas.
Mientras más sabemos, más sabremos que muy poco sabemos. En otras palabras, mientras más sabemos, tendremos más teorías, que declaraciones de "la verdad". Y eso está bien.
Una de las expresiones más francas de que se ha abrazado la ignorancia, es cuando, se rechaza algo de lo que nada se sabe. Y peor aún, cuando ni de lo que se cree que se sabe, en realidad se sabe.
Mientras más ignoramos habrá más jactancia; pero mientras más avanzamos en el saber, habrá más discreción, humildad y consideración.
Ahora... Que te sientas cómodo con una forma de pensar, no significa que eso sea "entender bien". Muchas veces pensamos tener la razón solo porque nos sentimos familiarizados con ciertas ideas, por tener un credo, o por decir sostener firmes convicciones. Pero no significa que eso —tenga razón—.
Si no se le ha aplicado razonamiento (razón), si no se le ha cuestionado, investigado, sujetado a prueba, entonces no se puede decir que —tenga razón—.
Asumir la posición de ya saber sin estar dispuesto a pensar, es propio del fanatismo. Es la muerte de la inteligencia.
Personalmente pienso que ignoramos muchísimo acerca de la propia vida y la existencia. Creo que incluso poco interés manifiesta muchas veces el ser humano respecto a ello, como si eso no fuera importante.
¡Como humanidad ignoramos tanto, que ignoramos que ignoramos! ¡Y aún defendemos esa condición como si lo valiera!
Nunca se hallará suficiente evidencia que convenza al necio o al fanático de su error cuando éste se presume sabio. Así, ¿cómo se espera que pueda juzgar si algo es sabiduría desde la ignorancia de forma justa? O dicho de otra forma, ¿cómo reconocería el ignorante a la sabiduría, siendo que ignora, y no lo acepta?
El ser humano tiene la responsabilidad de transformarse al recorrer su camino de la esclavitud de su oscuridad, hacia la libertad en la luz en el entendimiento.
El ser humano no se transforma hacia la libertad aprendiendo o modificando conductas, ni haciendo rituales. No.
La transformación verdadera debe darse renovando el entendimiento.
Hay que ocuparse de ello.
Para una transformación real del ser, será mejor habilitar nuestra mente para descubrir cosas nuevas; abrir los oídos de la inteligencia, o de otra forma no habrá oportunidad para que la sabiduría nos hable.
Creo que siempre será mejor aceptar que no sabemos todo. Ni siquiera mucho. Y que no siempre estamos en lo correcto.
Si quieres acercarte a la verdad dando pasos en las huellas de las certezas, hace falta mucha dedicación, y apartarte de lo que estanca la madurez o renovación del entendimiento.
En este blog sugiero la idea de mantener una actitud humilde frente a una existencia que evidencia una sabiduría que rebasa por mucho el conocimiento y entendimiento del ser humano.
No endurezcas tu inteligencia.
Piensa en el barro fresco en manos del alfarero. Se deja formar. No se quiebra. Pero el barro seco, rígido por su propia dureza, se rompe al primer intento de darle forma.
La mente funciona igual; la inflexibilidad creada por creencias fijas y dogmas no examinados no te protegen, parecen firmes, pero se rompen con la realidad.
Abre tu mente. Deja que sea maleable como el barro, y que las manos de la sabiduría eterna la moldeen. Permítele flexibillidad. Y entonces, el que tenga oídos dispuestos para oír, seguro encontrará al maestro que les llenará de sabiduría.
Entender mejor, realmente hace la diferencia.
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