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"Dinero" no necesariamente significa "Progreso"

Vivimos en una era en la que, al parecer, muy fácilmente se confunden los medios con los fines.


El dinero, que debería ser la consecuencia natural de una mente virtuosa y creativa, ha venido a ser la meta principal en la vida de francas mayorías.


Yo pienso que la humanidad perdió su orientación cuando comenzó a correr detrás de los instrumentos del progreso, olvidando el verdadero fin de la vida: el desarrollo integral del ser, y la civilización en lo colectivo.


Hoy se admira el poder, y se persiguen el dinero y la fama, la mayoría de las veces sin notar que estos son tan solo espejismos. El apetito de controlar lo externo ha distraído al ser humano de observar su primera responsabilidad, y el único lugar donde debe buscar verdaderamente tener el control: El propio ser.


El hombre moderno no se ha dedicado al desarrollo interior; no ha cultivado su inteligencia hasta el punto de la creatividad, la innovación o la sabiduría en plenitud. En su lugar, ha reforzado su dependencia de estímulos externos tales como el poder, el control, el dinero, el reconocimiento. Y toda necesidad, es debilidad.


Recurrentemente las noticias, así como las tribunas de las iglesias y los estados, revelan en sus discursos una idea, a mi juicio, bastante pobre. Y hablo de esa ruin idea de que lo que más necesita la gente es buenas condiciones materiales. En realidad estas son importantes, pero son consecuentes a una mente en constante desarrollo.


Es cada vez menos frecuente encontrar a alguien que le dé prioridad al conocimiento y desarrollo de su inteligencia como causa primera, para que a partir de ahí, ésta manifieste algo de su enorme potencial. ¡Parecen no saber de sus enormes capacidades!


Muchos buscan el confort, lo fácil, y la gratificación inmediata. Sin notarlo, fácilmente se confunde placer con plenitud, éxito temporal con propósito, y movimiento con progreso


Así, en lugar de evolucionar, la humanidad gira en círculos inútiles. Ahora ella es más sofisticada en sus "medios", pero más vacía en su identidad, dirección o propósito, pues camina sin claridad.


Alguien apuntaba a las estrellas, y la multitud se quedó mirando el dedo que señalaba.

Ese es el síntoma más claro de nuestra desorientación civilizatoria.


Antes de pretender seguir avanzando, oriéntate bien. Define a conciencia quién eres, y hacia dónde vas.


El dinero no es un problema en sí mismo; es una herramienta. El verdadero problema está en la perspectiva equivocada; aquella en la que aceptamos que lo que es en realidad solo un instrumento, le veamos como el propósito.


¿Te has puesto a pensar cuántas personas se levantan cada día para perseguir dinero? ¡Incluso los hay quienes así lo hacen ya teniendo bastante!


Una mente orientada al bien, al conocimiento y a la creatividad, genera valor y prosperidad económica como consecuencia natural de su madurez


Pero cuando el dinero se transforma en el propósito, la inteligencia deja de ser el motor del progreso y se convierte en su sirviente; lo que significa pobreza real. Es decir, la verdadera pobreza consiste en la carencia del gran valor de la virtud en la inteligencia propia.


Esa inversión del orden de valores, es lo que ha deteriorado el alma de las sociedades y de los pueblos.


Antes se buscaba comprender; ahora se busca obtener.

Antes la virtud era el camino hacia el logro; ahora el título, el puesto o el dinero se usan como disfraz de una muy pobre virtud.


Así, hoy las naciones pueden crecer económicamente y, al mismo tiempo, empobrecer en el carácter de las inteligencias de sus pueblos. ¿Lo ves?


El dinero, el poder y la fama prometen satisfacción, pero no la entregan


Son espejismos que exigen más de lo que ofrecen.


El ser humano que vive para alcanzarlos, termina dependiendo de ellos, y las mentes que dependen de algo externo no alcanzarán su libertad.


Una civilización que basa su sentido de éxito en la acumulación de medios, se condena a la insatisfacción permanente, porque jamás llegará a completarse desde lo superficial. El vacío interior impera.


El progreso verdadero no se mide en cifras, sino en niveles de conciencia.


Antes, a las civilizaciones se les llamaba “culturas”, pues sus mentes se cultivaban. Ahora más escuchamos de “economías”. Esto debe decirnos algo de los valores y las prioridades que hoy tiene la humanidad.


Una mente desarrollada no solo produce riqueza, sino que, y principalmente, justicia.


La mente madura puede diseñar estructuras justas porque ha aprendido a gobernarse a sí misma. Y sin justicia, todo progreso material es ilusión. Por ello hoy se distingue gran desarrollo material, al mismo tiempo que prolifera la violencia y la injusticia entre los hombres.


No es la falta de recursos materiales o económicos lo que frena a la humanidad; sino la falta de dirección interior. No hay quien busque la sabiduría (Romanos 3:11-12).


El desarrollo genuino exige inteligencia orientada, voluntad disciplinada y entender el propósito de la propia existencia a conciencia.


Cuando el ser es congruente con los más altos valores de una inteligencia madura, el dinero puede ocupar su lugar como consecuencia, y no como meta.


El verdadero progreso comienza dentro del ser humano, y de forma individual.


Nada cambia en la operación personal en lo externo, si no cambia antes la mente que interpreta ese mundo externo. Y si la mente progresa, inevitablemente dejará un gran legado. Las personas como las civilizaciones que olvidan esto, terminan siendo solamente ruinas, y nada más.


Todo lo que edificas fundamentado sobre lo material o tangible, será temporal. Y todo lo que edificas en sabiduría, permanece, y aún se multiplica.


Lo material no tiene características de permanencia perpetua, pero los progresos de inteligencia en el espíritu de la sabiduría son inmortales.



"Puedes matar a un hombre, pero no puedes matar una idea" (Sófocles)



El progreso material, sin desarrollo interior, no es avance, es acumulación. Y la acumulación, sin conciencia, tarde o temprano se vuelve carga, sin dejar de decir que magnifica los anti-valores del ser.


Solo una inteligencia madura puede transformar los recursos en bienestar real, y el bienestar real en justicia. De lo contrario, ninguna promesa de “bienestar” se podrá cumplir a cabalidad.


Por eso, antes de hablar de economía, deberíamos hablar de educación de la inteligencia; y antes de pedir prosperidad, deberíamos buscar entendimiento y el carácter de la sabiduría.


El dinero puede comprar muchas cosas, pero no puede crear significado. Solo una mente orientada a la verdad y al bien puede hacerlo.


Si como sociedad llegamos a reconocer esto, si colocamos de nuevo la inteligencia y la virtud en el centro del progreso, entonces el dinero volverá a ser lo que siempre debió ser: una herramienta al servicio del desarrollo humano, no su sustituto.


Jamás el dinero debería entenderse como la fuente de la identidad y seguridad del ser humano. Primero debe formarse un ser humano real, uno de valor, que gobierne bien sobre el dinero; para que este últmo no le gobierne a él.


La vida no se trata de tener más, sino de ser más.


El dinero no significa progreso. La inteligencia sí.