Me gustaría profundizar en un concepto que quizá tú mismo piensas que fácilmente entiendes con suficiencia, o que todos lo entienden con suficiencia: DIOS.
Pero para ello considero necesario abordar la perspectiva que podríamos tener acerca de “La Biblia”, pues quiero dirigirme al concepto DIOS, cuando La Biblia habla de DIOS… Pues La Biblia no trata de lo que nosotros pensamos que trata, sino de lo que quienes escribieron pensaban.
Piensa en esto... Cuando alguien pregunta: “¿Crees en La Biblia?, inmediatamente se identifican los grupos de quienes afirman “creer en ella”, y también quienes aseguran “no creer en ella”.
En esta muy pequeña escena pasaron cosas que no fueron observadas, y que son muy importantes.
¡Se está obviando que todos entienden claramente qué es aquello de lo que ésta trata!
Muchos suponen que “entender” es algo que todos hacemos fácilmente; y además, se obvia que todos entienden un mismo asunto de forma común. En este caso, La Biblia.
Pero no funciona así.
El “buen entendimiento del conocimiento” y el “sentido común”, sencillamente no operan igual.
Filosóficamente, el sentido común es la opinión que corresponde a la interpretación familiar de la realidad. Es decir, es la visión social que se transmite con el aprendizaje de la lengua familiar, y le construye el discurso común en el entorno donde uno se desenvuelve (creencias, ideas, proposiciones).
Y por otro lado, el buen entendimiento del conocimiento exige pensar por uno mismo.
Y... ¿por qué preguntar si “crees” en La Biblia, en lugar de preguntar si la “entiendes”? O ¿qué entiendes?…. Yo pienso que eso obedece más a la naturaleza de las estructuras de la inteligencia de quien pregunta.
En mi opinión, “creer” es más fácil que “pensar para entender”; y para los fines religiosos parece “funcionar” mejor el "creer", sin que muchos de los -creyentes- noten las limitaciones de esa acción.
Entonces casi nadie se pregunta: ¿Qué entiendo yo que es el tema del que habla La Biblia?
“Solo unos pocos hombres piensan; todos los demás tienen opiniones”
George Berkeley
Muchos dan por hecho que bien comprenden La Biblia, solo porque acuden a algún lugar donde les dicen qué pensar o “entender”. Pero eso sigue siendo una colectividad; y el trabajo del que te hablo debe ser personal. Es decir, el punto no es escoger qué criterios te gustan de entre los que expresan los demás. No. El punto es que tu inteligencia aprenda a cuestionar, a pensar de forma autónoma, responsable, independiente, y a articular las ideas que expresan el mundo de la propia percepción.
Adoptando simplemente un criterio colectivo, no te permitiría conocer más del sentido profundo de La Biblia, ni ningún otro saber. Necesitas sed de descubrir la verdad no descubierta por tus propios ojos; y no de adoptar las ideas que te gustan, y que te gustaría que expresen la verdad. Son formas muy diferentes de afrontar "la realidad".
“Las masas nunca han sentido sed por la verdad.
Se alejan de los hechos que no les gustan, y adoran los errores que les enamoran.
Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño; y quien intente desengañarlas será siempre su víctima”
Gustave Le Bon
En la observación de un mismo asunto no todos entendemos lo mismo, porque el conocimiento en cada cabeza debe atravesar su proceso de madurez. Y aunque hay cierta simbiosis, la madurez del conocimiento no es algo que se dé de forma colectiva, sino en lo particular.
Cuando investigas una sabiduría (como La Biblia), investigas conocimiento ya muy desarrollado por sus autores al grado de madurez. La sabiduría es compleja, y por ello invita al estudio personal. Por lo tanto, la diversidad de perspectivas e interpretación aumentarán en proporción al número de "observadores" y a sus distintos niveles de comprensión; y no porque La Biblia sea opaca en sí misma. Cada inteligencia la mira desde la maduréz que ha alcanzado.
El velo por quitar no está en la sabiduría, sino en los ojos de la inteligencia que le busca.
Sería como cuando alguien que apenas inicia en el camino de la filosofía se sienta a escuchar la disertación de un maestro experimentado sobre un tema como "Fenomenología de la conciencia y la configuración ontológica del ser ante las causas primeras".
El principiante escucha palabras, conceptos y argumentos, pero su comprensión es limitada no porque la exposición del maestro sea deficiente, sino porque la madurez filosófica necesaria para entender esa profundidad aún no ha sido formada en él.
La claridad de la enseñanza siempre será proporcional al nivel de desarrollo de quien la recibe.
Obviar ya entender un libro tan profundo como La Biblia limitaría profundamente tu visión.
¿Lo notas? La diferencia la puede marcar tu actitud frente al conocimiento nuevo; aquel que no te es familiar en absoluto, ni cómodo.
En cuanto a actitud, se dice que el sabio podrá leer cientos de libros en su vida, y seguirá creyendo que tiene mucho qué aprender; mientras que el necio, habiendo leído, quizá apenas un libro en su vida, asegurará que ya sabe y que lo entiende todo (Proverbios 26:16).
Ahora sí, continuando...
Y así como ocurre con “La Biblia”, muchos fácilmente se preguntan unos a otros “¿Crees en Dios?, resultando en el mismo sesgo, pues el concepto “DIOS”, en La Biblia, supera las dimensiones de lo que puedes ver en tu entendimiento. Por lo tanto, no querrás asumir que fácilmente lo entendiste, para rápidamente pasar a la respuesta de un “sí” o un “no”.
"...porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio."
(Hechos 17:23)
Así hay muchos conceptos más que necesitarás aprender a asimilar de una forma más adecuada conforme a su naturaleza, y llevarlos a madurar en tu propio entendimiento.
¡Imagina lo que puede ocurrir cuando se mezclan varios conceptos profundos, obviando tantas cosas más! Pues aún preguntan: “¿crees en el Dios de La Biblia?”
¡El sesgo es de proporciones monumentales!
¡Se está asumiendo que cuando se dice “el Dios de La Biblia”, todos entenderían de forma común cuál es ese “Dios”; del que, además, obviaron que es el mismo del que habla La Biblia, obviando que todos conocen y entienden de qué habla La Biblia!
Nada de ello es así de simple!
“No se debe confundir la verdad, con la opinión de la mayoría”.
Jean Cocteau
La cuestión no consiste en preguntar a la gente si cree que -Dios- existe o no.
Es mejor dedicarte, por un lado, a comprender lo que los autores de La Biblia quisieron decir cuando se valieron de ese concepto tan enorme; y en segundo lugar, a definir por ti mismo lo que tú vas entendiendo del concepto DIOS mientras adquieres y haces madurar conocimiento (Romanos 1:19-20).
De inicio, el concepto bíblico -DIOS- implica aceptar que hay conceptos cuyas dimensiones van más allá de lo que abarcan nuestras mismas mentes, y darles así lugar en nuestras inteligencias. Como en alguna forma también ocurre con conceptos como lo eterno, lo infinito, lo absoluto, la sabiduría, la verdad, o la conciencia.
Si no podemos abarcarlos en nuestra mente, entonces ¿cómo entenderlos?
Son conceptos de los que hemos de tener un entendimiento que puede madurar poco a poco, aún dentro de los propios límites de la capacidad mental. La mente podrá concebirles en definición, pero no representarle en imágenes. Lo explico…
Por ejemplo, entendemos que “lo eterno” no tiene principio ni fin. Ya esto es un entendimiento de un concepto, una definición; pero que al tratar de “visualizar” tal entendimiento, siempre se nos escapa. Es cuando tendremos que aceptar que no podemos “visualizarles”. No podremos hacernos imágenes mentales de estos conceptos.
Es por esto que en La Biblia encuentras al principio de la ley de Moisés “no te harás imágenes...” (Éxodo 20:3-4; Romanos 1:22-23).
Reconocer estos límites no es un fracaso, sino que en realidad es una expresión de madurez intelectual.
Es preciso, entonces, aceptar que la inteligencia no lo abarca todo con imágenes, pero sí puede aceptarlo como noción abstracta.
Te comparto estas referencias fuera de La Biblia, que también sostienen este mismo principio de las escrituras bíblicas:
- Immanuel Kant – Crítica de la razón pura: habla de las ideas trascendentales (infinito, alma, mundo, Dios). Señala que no podemos conocerlas empíricamente, pero son necesarias como horizontes del pensamiento.
- San Agustín – Confesiones: reflexiona sobre el tiempo y la eternidad. Apunta a que puedes definirles, pero no “visualizarles”: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo, no lo sé.”
- Maimónides – Guía de los perplejos: sostiene que Dios no puede representarse ni describirse con imágenes, porque toda descripción lo limitaría.
- Karl Jaspers – La filosofía (1932): habla de las “situaciones límite” que empujan al pensamiento más allá de lo representable; conceptos tales como muerte, eternidad, trascendencia.
- Simone Weil – La gravedad y la gracia: Señala que la mente necesita conceptos inabarcables para expandirse, aun sin comprenderlos plenamente.
Cada vez que intentas visualizar mentalmente esta naturaleza de conceptos, solamente limitas tu propio entendimiento.
Los números naturales, o el infinito matemático es un ejemplo muy claro. Podemos enunciar la expresión "números infinitos", pero sin importar cuanto lo intentes, jamás podrás visualizar lo que eso es. Sin embargo, esta imposibilidad no invalida el concepto, sino que por el contrario, lo hace imprescindible en matemáticas, mientras hay un rango dentro de ese “infinito” que se hace perfectamente manejable.
Estos conceptos, pues, operan como HORIZONTES. No los alcanzamos, pero nos orientan, tal como la estrella del norte. Cualquier navegante con conocimiento, orienta su curso con ella (Mateo 2:2).
Mantenerlo así en la mente preserva la apertura, nos libera del enorme sesgo del dogmatismo, y estimula la humildad intelectual (lo que es una enorme virtud).
La Biblia presenta a ”Dios”, eterno, como la sabiduría causal de toda la existencia física (Prov. 8:12).
¿Puedes notar que la sabiduría es un concepto que rebasa por completo nuestra muy limitada comprensión?
Podemos ser engendrados como “hijos de Dios”, cuando manejamos una porción limitada de la misma naturaleza de la ilimitada sabiduría (pero esto implicaría que te identifiques a ti mismo como una inteligencia, antes que como "un cuerpo-persona").
En La Biblia encontramos una muy importante referencia en los evangelios y dice: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." (Juan 17:3)
David Hilbert abordaría, de alguna manera, una idea similar en su obra "Sobre lo infinito", donde explica que el infinito (o conceptos como "lo eterno") no es algo que se experimente, sino que se concibe. En otras palabras, que es propio del conocimiento.
No le des a DIOS forma personal "corpórea" (como si tuviera cuerpo) en tu mente. Toda vez que lo ves como un “alguien”, limitarías tu propia comprensión, así como la dirección de tu progreso y transformación.
Interpretar que DIOS es un "alguien más" sujeto a espacio-tiempo, aún cuando argumentes que “conoce -el futuro-“ y tantas cosas más, distorsiona por completo lo que La Biblia quiere decirte, arruina tu entendimiento de ti mismo (la propia identidad), y por lo tanto, de la vida.
No procures *visualizarlo* en ninguna manera, ni en ningún lugar.
Así podrás ir descubriendo la sabiduría; “la vida eterna”.
¡Entonces tendrás un horizonte que le dé rumbo a tu camino, vivirás el proceso en el que se forma en ti una imagen madura llena de virtud, y verás la ilimitada expansión del progreso real!
Quizá alguien podrá sentir que dejar de pensar a "Dios" como un "alguien", y entenderlo a través de un concepto de estas características como "la sabiduría", sería muy impersonal... ¡Claro! ¡Se le estaría quitando la asociación a "persona corpórea"... Incluso algunos podrían percibir esto como una concepción pobre.
Solo recuerda que no puedes comprender a plenitud lo que es la sabiduría porque es mucho más grande que la limitación desde la que se pretende entenderle (el estado de ignorancia del que todos partimos).
Procura manejar de mejor manera estos conceptos de proporciones inmensurables.
Ser persona-cuerpo es algo temporal. Ser espíritu consciente de la sabiduría es algo que permanece. El problema está en el apego que uno mismo protege, a lo que por naturaleza es temporal.
Te sugiero que no permitas que criterios de terceros gobiernen tu capacidad de entender mejor. Muchas veces lo que ha definido tu entender presente han sido ideas que personas con apetito de poder y de control a través de la historia han sembrado en la humanidad en forma de religión, lucrando con la debilidad humana; otras veces solo la ignorancia natural primera, temores y no tu propio pensar.
¡Pero sé que será tu inteligencia la que querrás desarrollar!
Aun hay mucho más por escribir aquí…
MUY PRONTO EL ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ MISMO....
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