Naufragio íntimo
¿Y si Dios no intentara hacerte igual a otros, sino plenamente tú en Él?
¿Y si la santidad no fuera un molde, sino un encuentro íntimo?
Este texto confronta la obsesión por la uniformidad religiosa
y expone una verdad olvidada:
Dios sigue siendo el mismo,
pero nunca se repite en la forma de tratar a sus hijos.
“Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”
No como una etiqueta colectiva,
sino como una relación personal
con historia, proceso y lenguaje propio.
Aquí descubrirás a un Dios que no dicta clases generales,
sino que lee el alma y responde según ella.
Un Dios que pasea a unos,
hace dormir a otros,
discute, advierte, consuela, espera…
y en cada caso, ama sin copiar y pegar.
Si todos compartimos un mismo destino —ser conformados a Cristo—,
¿por qué insistimos en caminar con pasos prestados?
¿Quién decidió que tu proceso debía parecerse al de otro?
¿Y si tu naufragio también estuviera dentro de Su voluntad?
Este escrito no defiende denominaciones ni moldes sagrados.
Defiende lo inspirado.
Y te invita a descansar en una certeza:
Dios te conoce,
y en Cristo, incluso tu camino irregular
está ayudando para bien.
Tal vez no estés fuera de Su voluntad.
Tal vez solo estés viviendo tu manera única de llegar a Él.