La ignorancia como dispositivo de poder: estamos dejando de pensar
Hay una frase que se escucha en la calle, en los pasillos, en las fábricas, en los comedores, en las filas de los trabajos: “La gente no piensa.” Pero esa frase, así suelta, es una trampa. No explica nada, no señala responsables, no ilumina ningún proceso. Y, sobre todo, no entiende que la ignorancia no es un accidente. La ignorancia —como vengo diciendo hace tiempo— es una arquitectura de poder, una construcción lenta, administrada, distribuida y sostenida por los sectores que necesitan un pueblo debilitado, desorientado y emocionalmente manejable.