Los ocho miembros del Yoga
Cuando comencé a acercarme al Yoga, lo hice desde la práctica. Con el tiempo fui descubriendo que detrás de las posturas, de la respiración y de la meditación existía una tradición mucho más amplia y profunda.
A medida que estudiaba, aparecieron nuevas preguntas.
¿Qué entendemos realmente por Yoga?
¿Qué relación existe entre la práctica física y la transformación de la mente?
¿Por qué Patañjali presenta un camino que comienza con nuestra manera de relacionarnos con los demás y termina en estados profundos de concentración y contemplación?
¿Y qué significa realmente hablar de libertad dentro de esta tradición?
Estas preguntas han acompañado mi propio recorrido como practicante y profesor.
Con los años he estudiado distintas formas y tradiciones de Yoga. He encontrado enseñanzas valiosas, métodos diferentes y también interpretaciones que no siempre coinciden entre sí. Esto me ha llevado a valorar algo que considero fundamental: volver a las fuentes y aprender a distinguir entre el texto original, sus comentarios, las interpretaciones posteriores y nuestra propia experiencia.
Por eso, para este trabajo he querido comenzar por Patañjali y, particularmente, por la tradición de comentario de Vyāsa. Desde ahí he incorporado elementos que me han ayudado a comprender el texto a través del estudio posterior, pero procurando mantener siempre clara la diferencia entre la fuente y mi propia interpretación.
No escribo esto desde la posición de quien cree haber encontrado una respuesta definitiva.
Lo escribo como practicante.
Como profesor.
Y, sobre todo, como estudiante.
Para mí, estudiar Yoga no consiste solamente en acumular conceptos. Si lo que estudiamos no transforma de alguna manera nuestra forma de observar, practicar y vivir, corremos el riesgo de convertir el Yoga en conocimiento intelectual separado de la experiencia.
Pero también creo que practicar sin estudiar puede llevarnos a repetir técnicas sin comprender realmente qué estamos haciendo.
Por eso me interesa mantener ambas dimensiones juntas.
Practicar lo que estudiamos.
Estudiar lo que practicamos.
Y observar honestamente aquello que aparece en el camino.
Los ocho miembros que presenta Patañjali —yama, niyama, āsana, prāṇāyāma, pratyāhāra, dhāraṇā, dhyāna y samādhi— no los entiendo como ocho etapas aisladas que simplemente debemos completar una después de otra.
Los veo como distintas dimensiones de un mismo camino.
Nuestra manera de relacionarnos influye sobre nuestra práctica. Nuestra disciplina influye sobre nuestra capacidad de permanecer. El cuerpo puede convertirse en un apoyo para la atención. La respiración puede acompañar la interiorización. Los sentidos pueden dejar de gobernar cada movimiento de la mente. La concentración puede hacerse más estable. Y, progresivamente, la relación con la experiencia puede adquirir una profundidad diferente.
El propósito de este libro es recorrer ese camino con calma.
No pretendo simplificar la tradición hasta convertirla en una fórmula moderna. Tampoco quiero hacerla innecesariamente compleja para darle una apariencia de profundidad.
Quiero estudiar.
Quiero comprender.
Y quiero compartir aquello que he ido comprendiendo desde mi propio recorrido.
El Yoga que me interesa no termina cuando termina una clase. Tampoco comienza solamente cuando extendemos una esterilla.
Tiene que ver con la manera en que hablamos, actuamos, deseamos, observamos, respiramos, nos concentramos y comprendemos nuestra propia experiencia.
Por eso el propósito de este trabajo puede resumirse en una frase que acompaña mi manera de entender la enseñanza:
Yoga para practicar, comprender y vivir.