Ciudadanos del Viento
¿Y si confiar no fuera entender… sino soltar?
¿Qué haces cuando la única opción es estirar los brazos
y entregarte al viento de la incertidumbre?
Todos queremos la intervención de Dios,
pero no siempre queremos el vacío que la precede.
Sabemos que podríamos sacarlo de la ecuación,
y aun así deseamos que Él sea el protagonista
en medio de nuestras improbabilidades.
Este texto te lleva al borde.
Al instante exacto en que dudar dos segundos
puede cambiarlo todo.
Como el trapecista que suelta el trapecio
con una sola certeza: no tiene que alcanzar,
tiene que confiar.
Abraham, Moisés, Josué, Gedeón, una viuda sin reservas…
distintas historias, una misma decisión:
cuando las probabilidades naturales se agotan,
Dios se convierte en la única probabilidad confiable.
“El viento sopla por donde quiere…”
No lo ves, no lo controlas,
pero sus efectos son innegables.
Si andas por fe y no por vista,
si eres ciudadano del Espíritu,
este escrito te recordará algo esencial:
hacia donde sople el viento de tu asignación,
allí también te acompañará Su gracia.