El paso de Poniente
La idea era correcta. La nave era la equivocada.
Génova, 1291. Todo lo que producen las Indias llega a poniente por una cadena de manos, y cada mano se queda con su parte. Ugolino Vivaldi, un mercader capaz de leer el peso de una carga en el andar de los cargadores, quiere rodear la cadena por mar: salir por el Estrecho, bajar por la costa de África, y el primer casco que entre no paga nada a nadie.
Le dan dos galeras, las mejores naves que construye Génova: rápidas, sin depender del viento, capaces de poner la proa sobre cualquier playa. Pero cada una lleva ciento cincuenta hombres a los remos bajo el sol del sur, más bocas de las que una galera puede abastecer de agua. Cada pocos días tiene que bajar a tierra a llenar sus toneles, mientras la costa sigue corriendo hacia el sur.
Los anales de Génova las siguen hasta un cabo llamado Gozora.
Los libros de la nave van más allá.