La medida que necesito
Cristo + nada = TODO.
Entonces… ¿en qué momento sentimos la necesidad de agregarle algo?
¿En qué punto al Cristo eterno lo cubrimos con edulcorantes doctrinales,
mandamientos conductuales y defensas religiosas?
¿Desde cuándo la fe comenzó a apoyarse más en sistemas
que en la Vida que nos habita?
En el siglo primero no existían embajadores denominacionales
ni jerarquías espirituales.
Había un solo centro: Cristo como esperanza de gloria.
Y de su expresión viva dependía la transformación de quienes los rodeaban.
“La medida que necesitas de Cristo
no está en la Biblia,
está en tu hermano.”
Este escrito explora una verdad incómoda y liberadora:
Dios no completó a individuos aislados,
completó a un Cuerpo.
Y lo llenó de Sí mismo.
¿Honramos al Jesús histórico
o expresamos al Cristo eterno?
¿Confirmamos palabras con argumentos
o dejamos que Él se confirme a sí mismo
a través de su manifestación?
Cristo no necesita adornos religiosos
ni defensas doctrinales.
Solo una cosa: rendición.