Cristo no está a la diestra de Dios
La adoración siempre nos da forma.
La pregunta no es si adoramos…
la pregunta real es a qué le estamos rindiendo la vida
¿Es posible adorar a Dios y, sin darnos cuenta, vivir rendidos a métodos, estructuras o preferencias?
¿En qué momento una experiencia, una costumbre o una interpretación empezó a ocupar el lugar que solo le corresponde a Cristo?
“Somos, en el alma, aquello a lo que le prestamos atención.”
Este escrito confronta la idolatría silenciosa disfrazada de piedad,
la repetición de métodos sin Vida
y la confusión entre estructura y templo.
¿La adoración nace de una agenda religiosa…
o de un espíritu vivificado que se rinde a Cristo?
¿Estamos formando personas para un local
o personas que portan Vida donde nadie quiere pisar un templo?
“El método no produce madurez; la formación de Cristo, sí.”
Aquí no se invita a abandonar estructuras,
sino a desenredar el corazón de aquello que nunca debió gobernarlo.
Porque la gente no necesita interpretaciones…
necesita Vida.
Y la verdadera adoración no se aprende imitando,
se manifiesta cuando Cristo se nos revela,
no como el centro o el primero,
sino como el TODO.