El Hogar como Trinchera
En la mesa de una cocina humilde en Iztapalapa, Cuajimalpa o Tláhuac, una madre llega después de dos horas de transporte, calienta las tortillas y pregunta a su hijo si ya hizo la tarea. Ese gesto sencillo, repetido millones de veces cada atardecer en México, es hoy más político, más radical y más conservador que cualquier discurso.
Este libro es una defensa apasionada, rigurosa y profundamente mexicana de la familia como institución fundacional de la sociedad. En menos de sesenta años, la familia —entendida como la unión estable de un hombre y una mujer abierta a la vida— ha pasado de ser el pilar indiscutido del orden social a convertirse en blanco de una transformación ideológica sistemática: la ideología de género en escuelas y leyes, la redefinición del lenguaje (“persona gestante”, “diversidad familiar”), el aborto como política pública, los subsidios clientelares que premian la fragmentación familiar y un modelo económico que precariza el tiempo de los padres.
Fernando S. Sánchez Campos, autor de Más allá de la oportunidad y La trampa de la equidad, cierra con este libro su trilogía intelectual. Con datos duros del INEGI, CONAPO y estudios internacionales, y apoyado en las grandes voces del pensamiento conservador —Edmund Burke, Juan Donoso Cortés, G.K. Chesterton, Roger Scruton, Christopher Lasch, Russell Kirk, Alasdair MacIntyre y Robert Nisbet—, demuestra cómo el debilitamiento de la familia biparental está acelerando el envejecimiento poblacional, la soledad y la dependencia del Estado.
Pero El hogar como trinchera no es un lamento nostálgico. Es un mapa de resistencia: propone políticas fiscales que premien a las familias que tienen hijos, reformas laborales que devuelvan tiempo real a los padres, intervenciones basadas en la teoría del apego y un lenguaje público que recupere el sentido de “madre” y “padre”.
La familia mexicana ha resistido invasiones, revoluciones y crisis. Esta vez también resistirá… si la defendemos.
Para padres, madres, educadores y todos los que creen que sin hogares estables no hay futuro que valga la pena heredar.