La Mañana Siguiente
No fui a la fiesta buscando a nadie en concreto.
Solo buscaba una chica jugando a ser esclava con la que divertirme toda la noche.
Entonces la vi.
Se llamaba Nadia, y era la más arrogante de todas: hermosa, intocable y vestida de patricia romana. Convencida de que esa noche podía fingir y regresar por la mañana a su vida normal.
Yo iba vestido de bárbaro. Y los bárbaros no piden permiso… simplemente reclaman lo que desean.
Toda la noche fue mía: mi juguete, mi cautiva… mi esclava.
La mañana siguiente no fue el final... solo el comienzo de su nueva vida.