Corazón prometido
¿Cuándo fue que lo simple se volvió tan difícil?
¿En qué momento el Reino dejó de asombrarnos?
¿Y si amar no fuera una obligación… sino una consecuencia natural?
“El disfrute del reino de Dios es para quienes no tiran por la borda la capacidad de asombro.”
Este texto confronta la complejidad religiosa que se le impuso a la Vida
y cuestiona los sistemas que transformaron la gracia
en esfuerzo, y el amor en mandato.
¿Puede el amor ser un mandamiento?
¿O solo puede fluir desde un corazón que ya fue cambiado?
¿Qué ocurre cuando dejamos de intentar cumplir
y comenzamos a disfrutar lo que ya fue consumado?
Aquí no se propone imitación ni obligación,
sino participación en un Todo que ya fue lleno.
“No hago por deber lo que hago por naturaleza.”
Porque en Cristo, las promesas no se persiguen:
se habitan.
La plenitud no se fuerza:
se expresa.