El Grimorio de terciopelo
No es un libro.
Es un objeto de fricción.
El Grimorio de Terciopelo no se presenta para enseñar, sino para recordar. Su textura —real o imaginada— no protege las páginas: las sella. Cada palabra parece escrita después del acontecimiento, como si el resultado hubiese ocurrido antes que la intención.
No habla de moral, ni de luz, ni de redención. Habla de precio. De intercambios que no figuran en contratos visibles. De silencios que operan mejor que cualquier declaración. Aquí no se promete nada; se describen mecanismos. Y eso lo vuelve incómodo para quien aún espera permiso.
Quien lo abre siente una pausa interna. Algo se reordena. No porque el libro imponga poder, sino porque revela cómo ya circula. El terciopelo no es ornamento: es advertencia. Todo lo suave absorbe. Todo lo que absorbe, cobra.
No todos lo entienden.
No todos deberían.
Algunos lo cerrarán rápido. Otros sabrán —sin decirlo— que el pacto ya estaba activo antes de tocar la primera página.