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Tt, mujer y gracioso

Friquis, no friskis

Querida familia Titánica, uno de mis maestros lanzó una pregunta intrigante: "¿Qué palabra 'moderna' define lo peculiar, lo raro?". Y ahí estaba yo, ejerciendo de Wikipedia improvisada, con la mirada fija en encontrar la definición perfecta. Según mi hermana, tengo éxito entre los chicos porque soy una especie de "geek girl". A saber. Lo único que sé es que la curiosidad me define, y cuando algo me apasiona, no paro hasta explorarlo completamente.


Recuerdo a una compañera del colegio que, un día, me preguntó: "¿Por qué siempre estás estudiando?". Mi respuesta es sencilla: porque aprender me encanta. Soy una alquimista, una mujer renacentista... aunque dejemos a las superheroínas descansar por ahora.


Dentro del fascinante mundo friqui existen diferentes subgrupos. Uno de ellos es el de los "famosillos" que emergen de programas como Crónicas Marcianas o más actuales como La isla de las tentaciones. Algunos de ellos aprovechan su imagen pública para ganar dinero o reconocimiento, pero también se convierten en blancos fáciles de memes y bromas. Sin embargo, me apena que, a veces, la burla cruce la línea y deshumanice. Aunque, siendo honesta, no quiero entrar en el circo mediático que recurre a personajes extravagantes para captar audiencia. Mi filosofía es sencilla: vive y deja vivir.


Esto me lleva a reflexionar sobre las diferencias generacionales. Aunque me considero una persona bastante informada, inevitablemente hay referencias que escapan a mi radar cuando converso con alguien de otra edad. A veces confieso no entender lo que me explican, pero la mayoría de las personas no lo toman como un choque generacional, sino como una oportunidad para compartir sus vivencias. Y yo, por supuesto, lo abrazo como una oportunidad para aprender.


Incluso, aunque no soy particularmente monárquica, tengo claro que ser figura pública coloca a cualquiera en una posición de extrema exposición. Esto genera chistes y comentarios, pero también enfrentan desafíos personales y familiares que muchas veces pasan desapercibidos. La empatía es clave para recordar que, tras el título y la fama, hay seres humanos con historias y dificultades únicas.


Por ejemplo, la duquesa de Alba, Cayetana para los amigos, tuvo problemas de habla en sus últimos años, no solo por su edad ni por retoques estéticos, sino por una enfermedad conocida como hidrocefalia, que afecta al cerebro. También está el caso de María de las Mercedes, madre del rey emérito, quien vivió tragedias personales como la ceguera de su hija, la infanta Margarita, y la pérdida de su hijo menor, el infante Alfonso. A pesar de todo, fue apodada "María la brava" y dejó una huella imborrable de fortaleza y dignidad.


Ser friqui, en esencia, es apasionarse por algo. En un mundo donde la exposición pública es casi inevitable, quizá todos somos un poco friquis de algo. La clave está en cómo elegimos mirar al otro: con burla o con curiosidad.


Lo que nos hace diferentes puede ser nuestra mayor fortaleza. Sylvester Stallone transformó su singular forma de hablar en un icono del cine de acción. Lady Gaga convirtió su extravagancia en una revolución musical. La rareza, cuando se canaliza correctamente, no solo deja huella, sino que abre nuevos caminos. Así que, si tienes algo que te hace especial, úsalo a tu favor.



Pingüino rayado azul y blanco, pájaro amarillo con gorrito, y gato marrón con pijama rayado blanco y rojo

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