Este fin de semana fui a ver la exposición de una querida amiga Titánica. Estaba llena de emoción por ver su trabajo, por admirar cómo había plasmado sus ideas, sus emociones y su visión del mundo a través de la fotografía. Mientras me explicaba los entresijos de su proceso creativo, algo que me dejó especialmente marcada fue una anécdota sobre su TFG (Trabajo de Fin de Grado). Una de sus colecciones había sido tildada de "muy autobiográfica". ¿Qué significaba eso? Que en su trabajo, aunque de manera indirecta, había algo de ella misma, algo personal, algo que mostraba su esencia.
Obviamente, como creadora, dejas siempre algo de ti misma en lo que haces, aunque sea de manera tangencial, casi imperceptible. Pero lo fascinante de la historia de mi amiga es cómo ella abrazó esa crítica. En lugar de verlo como algo negativo o limitante, lo convirtió en una oportunidad. Le dio la vuelta a la tortilla, y de manera literal. Esa colección, que algunos habían considerado personal o demasiado íntima, comenzó a tener una vida propia, un recorrido tan grande que las obras de esa serie han viajado más kilómetros que yo en toda mi vida. Y eso me hizo pensar profundamente sobre cómo la actitud frente a las críticas y los desafíos puede cambiarlo todo.
La clave aquí es no rendirse. Cuanto más te empeñas en algo, más experiencia adquieres, y más hábil te conviertes, incluso si al principio lo que haces parece “cutrón” o imperfecto. Cada paso, cada caída, cada crítica y cada error son parte del proceso. Es como una tortilla que no siempre sale perfecta, pero con el tiempo, aprendes a darle la vuelta de la manera correcta, a encontrar ese punto exacto donde todo se junta para crear algo que tiene valor y significado.
Algo similar pasa con la búsqueda de empleo. En algún momento, todos llegamos a ese punto de saturación, ese momento en el que vemos el circo que hay montado en torno a las ofertas laborales. Las entrevistas, los currículos interminables, las promesas vacías. Es fácil sentirse perdido en medio de todo eso. Pero entonces te das cuenta de algo: puedes optar por seguir siendo un espectador más de ese circo, o puedes coger la sartén por el mango y cambiar las reglas del juego.
¿Cómo? Vendiendo tu talento de manera auténtica, mostrándote como lo que eres, no como lo que otros esperan. Es importante ser selectivo con las ofertas de empleo, centrándote en aquellos trabajos que realmente te motivan, en los que puedes aportar lo mejor de ti. O, en su defecto, crear tus propias oportunidades, tal como mi amiga hizo con su arte. A veces, en lugar de esperar que el trabajo ideal llegue, es más efectivo salir a buscarlo, crear tu camino, tomar la sartén y darle la vuelta a la tortilla con actitud.
"Siempre parece imposible hasta que se hace." —Nelson Mandela.
En la vida, como en el arte, todo es una cuestión de actitud. Las críticas, los fracasos y las dificultades pueden parecer obstáculos, pero son solo pasos hacia la creación de algo más grande, más valioso. Lo importante es tener la visión de ver más allá de lo inmediato, de no rendirse y de aprovechar las oportunidades, incluso cuando no parecen perfectas. Porque al final, las cosas que valen la pena rara vez son fáciles, pero con dedicación y pasión, siempre encontrarán su camino.
Cada vez que te enfrentes a un reto, ya sea creativo, profesional o personal, recuerda la historia de la sartén y la tortilla. No te detengas, no te rindas, y da la vuelta a todo con la mejor actitud. Y, quién sabe, quizá termines recorriendo más kilómetros que la propia Luna.