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Invierno, niebla y amanecer

Ser humano en prácticas: hablarse bien como al arroz

Amigas y amigos Titánicos, en este circo lleno de ruidos, opiniones ajenas y exigencias eternas, uno de los actos más simples y poderosos que podemos hacer por nosotros mismos es hablarnos bien. Es curioso, porque en ocasiones se nos olvida que nuestras palabras tienen un impacto, tanto en los demás como en nosotros mismos. Hay una idea que he escuchado por ahí que me hace pensar: "Si al agua le dices cosas negativas, se vuelve turbia, pero el vaso de agua que es halagado se mantiene cristalino". Aunque nunca lo he experimentado directamente, me hace reflexionar sobre cómo el lenguaje y la energía que emitimos afectan lo que nos rodea.


Lo más cercano que tengo a esta experiencia son mis plantitas. Cada mañana, antes de comenzar el día, me acerco a ellas y les deseo una "feliz fotonsíntesis", como si pudiera ayudarles a hacer mejor su trabajo. Al caer la noche, también les digo "buenas noches", aunque no sé si las plantas me entienden, pero sin duda, me reconforta este pequeño ritual. Y lo cierto es que, como ellas, yo también sigo creciendo, aunque a veces el camino no sea tan fácil.


Quizá sea porque, como seres humanos, muchas veces se nos resiste el simple acto de ser y dejar ser. Vivimos bajo la presión de ser productivos, de cumplir expectativas y de parecernos a ciertos modelos. Sin embargo, el mayor desafío de la vida es aceptarnos tal como somos, con nuestras dificultades, nuestras alegrías y todo lo que nos hace humanos. Y es ahí donde entra la magia del autocuidado verbal: hablarnos con gentileza, ser nuestros propios aliados y reconocer que no hay mal que dure para siempre.


Lo cierto es que en este viaje de ser humano en prácticas, todos estamos aprendiendo. Los tropiezos, las lecciones, los momentos de duda... todo tiene un propósito. No hay proceso de crecimiento que no pase por su cuota de incomodidad, pero con el tiempo, nos damos cuenta de que todo lo que nos ocurre tiene algo que enseñarnos.


Al final, lo más importante es que, al igual que las plantas, podemos seguir creciendo incluso cuando las condiciones no son perfectas. La diferencia está en cómo nos hablamos a nosotros mismos, en la manera en que nos damos permiso para ser imperfectos y aprender. De todo se sale, de todo se aprende.


¿Por qué no intentar, al menos por un día, hablarte como lo harías con algo tan delicado como un arroz que va a cocinarse? Con paciencia, cariño y sin prisas. Al final, es nuestra propia voz la que nos guía, y solo con palabras de apoyo podemos encontrar el camino para crecer, igual que nuestras pequeñas plantitas, que aunque a veces no lo parezca, siempre están avanzando.



Pingüino rayado azul y blanco, pájaro amarillo con gorrito, y gato marrón con pijama rayado blanco y rojo

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