Hay algo que hacemos todos los días y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta:
hablamos con nosotros mismos.
Cuando nos miramos al espejo.
Cuando cometemos un error.
Cuando algo no nos sale como esperábamos.
Cuando sentimos que no somos suficientes.
Y muchas veces esa voz no es muy amable.
“Qué tonta soy.”
“Nunca hago nada bien.”
“Estoy horrible.”
“No puedo.”
“Todo me sale mal.”
“Debería ser mejor.”
Pero quiero que pienses en algo…
¿Le hablarías así a alguien que amas?
¿Le dirías esas palabras a tu hija, a tu mejor amiga, a tu mamá o a una persona que está pasando por un momento difícil?
Probablemente no.
Entonces, ¿por qué nos parece normal hablarnos así a nosotros mismos?
A veces ni siquiera sabemos de dónde viene esa voz
Quizás llevamos años hablándonos de esa manera.
Tal vez escuchamos esas palabras alguna vez.
Tal vez aprendimos que teníamos que ser fuertes.
Que equivocarnos estaba mal.
Que teníamos que vernos de cierta manera.
Que siempre podíamos hacer más.
Y sin darnos cuenta, esa voz se convirtió en nuestra propia voz.
Pero que hayas aprendido a hablarte así no significa que tengas que seguir haciéndolo.
Ser amable contigo no significa conformarte
A veces pensamos que necesitamos ser duros con nosotros mismos para mejorar.
Pero puedes reconocer un error sin destruirte por haberlo cometido.
Puedes querer cambiar algo de ti sin odiar quién eres hoy.
Puedes decir:
“Esto no me salió bien, pero puedo aprender.”
en lugar de:
“Yo nunca hago nada bien.”
Puedes decir:
“Hoy no me siento bien conmigo, y está bien.”
en lugar de:
“Estoy horrible.”
Puedes decir:
“Esto es difícil para mí.”
en lugar de:
“No puedo.”
Eso también es crecimiento.
Empieza a escucharte
La próxima vez que te descubras hablándote mal, no tienes que pelear con esa voz.
Solo pausa.
Escucha lo que acabas de decirte.
Respira.
Y pregúntate:
“¿Le diría esto a alguien que amo?”
Si la respuesta es no, intenta decirlo otra vez.
Pero esta vez, con amor.
No tienes que convertir cada pensamiento en algo positivo. No tienes que convencerte de que todo está perfecto.
Solo empieza a hablarte con más respeto.
Porque tú eres la persona que va a acompañarte todos los días de tu vida.
Tu cuerpo te escucha.
Tu mente te escucha.
Tú te escuchas.
Así que hoy quiero dejarte una pequeña práctica:
Cuando te mires al espejo, en vez de buscar algo que criticar, mírate por unos segundos.
Sin corregirte.
Sin compararte.
Sin juzgarte.
Y simplemente di:
“Estoy aprendiendo a tratarme con más amor.”
Quizás al principio se sienta extraño.
Está bien.
El amor propio no aparece de un día para otro. También se practica.
Y puede comenzar con algo tan pequeño como cambiar la forma en que te hablas.
Porque Amate no se trata de convertirte en alguien diferente.
Se trata de aprender a estar contigo, escucharte y querer a la persona que ya eres mientras sigues creciendo.
Con amor,
Catalina Yutronic, RN, BSN
Amate — Amor propio • Sanación • Crecimiento
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