Cuando un niño presenta dificultades para leer o escribir,
es común pensar que necesita más práctica con letras o palabras.
Sin embargo, antes de llegar ahí, hay un paso clave que muchas veces se pasa por alto:
La conciencia fonológica.
Esta habilidad permite al niño:
- Escuchar y reconocer los sonidos del lenguaje
- Identificar similitudes y diferencias entre palabras
- Manipular sonidos de forma intencional
Si esta base no está fortalecida, la lectura y la escritura suelen volverse procesos lentos, confusos y frustrantes.
Por eso, iniciar desde el sonido y avanzar de manera gradual hacia la letra no es retroceder,
es construir sobre bases sólidas.
Pequeños avances, con objetivos claros y acompañamiento constante, suelen generar mejores resultados que la prisa por “ir al nivel”.
Comprender el proceso permite intervenir a tiempo y evitar dificultades mayores más adelante.