Las aguas del origen me moldearon sin voz para elegir.
Nací espejo con vetas que otros leyeron como cicatrices.
Bebí respuestas ajenas temiendo que mi pregunta fuera abismo.
Caminé laberintos donde cada esquina doblaba hacia la sombra.
La paloma de la confianza voló y dejó el nido vacío para siempre.
Sembré años en jardines que ahora no recuerdan mi semilla.
Tejí con hilo de plata lo mismo que deshice con manos de ceniza.
No vagué perdida en la niebla: ardí en el fuego de mi propia noche.
Mas descubro ahora que la suma habita donde la luz no alcanza.
Que soy el lienzo completo aunque la tinta quiera ocultar el trazo.
Que mi rostro visible es apenas el reflejo de océanos internos.
Y que mi sitio en el mundo se gana con cada paso, no con la corona.
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