He olvidado los nombres de mis miedos.
Se quedaron dormidos en algún rincón del pecho.
Nadie me enseñó a mirarlos de frente.
Solo a correr como si el suelo no existiera.
Hay calles donde fui feliz que ya no reconozco.
Calles a las que regreso buscando lo que dejé de ser hace mucho.
El dolor tiene la costumbre de disfrazarse de nostalgia.
Y yo la costumbre de confundir heridas con hogar.
Piden fortaleza ¿cómo las construyo desde las grietas?
Todas quieren estar ¿cómo ser dentro del estar?
Me exijo victorias que nunca pedí
Me castigo por batallas que inventé.
Miro la cuerda que cuelga entre el miedo y el abandono.
Le digo con voz quebrada: todavía sigo aquí.
Respiro piedra en vez de oxígeno.
Pero elijo quedarme aunque partir parezca más sencillo.
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