Carrito de la compra
Loading

Contar historias desde cero: Tu primer paso en la escritura narrativa

Descubre cómo empezar a escribir tu primera historia: estructura simple, ejercicios prácticos y consejos para no quedarte en blanco.


Una de las premisas que más ha resonado conmigo a lo largo de los años es que el cerebro no fue diseñado para almacenar toda la información, sino para la creación. Por eso, los expertos en productividad insisten en la importancia de externalizar nuestros pensamientos, desde listas de tareas hasta ideas y citas, liberando así nuestra mente para su verdadera función: innovar y gestar nuevas realidades.


¿Por qué traigo esto a colación? Porque mi propio viaje hacia la escritura comenzó precisamente por una mente desbordada. Era un torbellino de información que se traducía constantemente en historias inspiradas por todo lo que escuchaba, leía o veía. Siempre fui una persona inmensamente creativa, aunque de niña me decían, cariñosamente, que "siempre estaba en la luna". Y, ¿saben? Sumergirme en esos mundos que creaba era, sin duda, la parte más divertida de mi día.


El ser humano posee una necesidad intrínseca de expresarse, una cualidad que nos distingue de otras especies. No solo expresamos; somos conscientes de lo que sentimos al hacerlo y podemos construir realidades nuevas a través de esa expresión. Y es aquí donde radica, quizás, el factor común de quienes nos dedicamos a escribir: una necesidad imperiosa de contarle al mundo lo que tenemos guardado en nuestro interior.


El verdadero escritor de vocación, aquel que siente un deseo inherente a narrar, comienza su camino por el simple placer de compartir una historia. No lo hace por dinero, ni por lujos, ni por la fama.

Con los años, es cierto, muchos autores han tenido la fortuna de alcanzar el reconocimiento y la riqueza, lo cual, claro está, resulta atractivo. Irónicamente, el éxito comercial no siempre es sinónimo de calidad literaria, y un sinfín de escritores talentosos jamás experimentarán esa fama. Sin embargo, persisten... o mejor dicho, persistimos. Porque es una fuerza que vive en nosotros, tan esencial como respirar. Nuestro cuerpo, nuestra mente, nos impulsa a materializar en palabras aquello que ha cobrado vida en nuestro imaginario, ya sea una novela, un poema o un artículo como este. Necesitamos, profundamente, sacarlo de nuestro ser.


Pero, como reza el dicho, "nadie nace aprendido". Y mientras algunos sienten una fluidez natural al sentarse frente al teclado, permitiendo que diálogos y acontecimientos broten sin esfuerzo, otros, la gran mayoría, necesitan un empujón, una guía clara.

¿Alguna vez has sentido ese deseo ardiente de escribir una historia, pero la parálisis del "no sé por dónde empezar" te ha detenido? ¿Te intimida la idea de no tener una "gran idea" predefinida? Si es así, no estás sola. Muchos futuros escritores albergan ganas, desbordan imaginación y sienten una profunda emoción, pero les falta un punto de partida claro. La buena noticia es que no necesitas tenerlo todo resuelto para comenzar. Como toda gran aventura, la escritura se inicia con un solo y valiente paso. Este artículo te guiará a través de los fundamentos básicos de la narrativa y te brindará herramientas simples y efectivas para que empieces a escribir desde cero, sin importar tu edad o experiencia. Todo, por supuesto, desde la humilde perspectiva de esta autora, aún desconocida. Espero que disfrutes la lectura.


¿Qué es una historia?



Desde los albores de la humanidad, los seres humanos hemos sido contadores de historias por naturaleza. Es una forma fundamental de compartir experiencias, de comprender el mundo que nos rodea y de conectar con los demás en un nivel profundo. Mucho antes de la invención de la imprenta, las sociedades transmitían sus relatos de forma oral, permitiendo que las historias viajaran a través de kilómetros y generaciones. Es asombroso cómo encontramos leyendas o cuentos con similitudes sorprendentes entre pueblos distanciados, una prueba irrefutable de ese deseo inherente a narrar que reside en nuestro ADN. Tan intrínseca es esta acción que, a lo largo de la historia, narrativas con temas universales han emergido en distintas culturas y épocas, demostrando el poder inmenso de la narración para trascender fronteras y el tiempo.

¿Por qué nos atraen tanto las historias? Porque nos brindan la oportunidad de ver la vida a través de otros ojos, de experimentar emociones intensas, de comprender decisiones ajenas y, a veces, de encontrar nuestras propias respuestas. Una historia bien contada nos conmueve porque, en el fondo, nos refleja, revelando algo de nuestra propia existencia.

Una historia es, en esencia, un punto de inflexión. Es el relato de un personaje que comienza en una situación particular, enfrenta un conflicto, un desafío o un profundo deseo, y culmina en una nueva realidad. Puede ser una delicada historia de amor, una aventura trepidante, una anécdota cotidiana o una fantasía épica. Lo que realmente importa no es la complejidad del universo que creamos, sino la transformación que ocurre dentro de él y, sobre todo, en sus personajes.

Las historias, aunque tienen un principio (un punto A) y un final (un punto B), rara vez se desarrollan en línea recta. Así como la vida está llena de altibajos inesperados, una buena narración se construye con curvas, zigzags, y giros inesperados que pueden ser sutiles o colosales. Desde la perspectiva de un lector, siempre buscará una historia que le impacte y lo mantenga cautivado; cuantas más emociones y sorpresas experimente, más memorable y poderosa la considerará. Para nosotros, los escritores, el impulso es más simple: solo queremos dar vida a lo que ha nacido en nuestra mente. Ahora bien, ¿cómo creamos una historia de manera estructurada?

Existe un concepto fundamental en el argot de los escritores conocido como el "arco narrativo clásico". Es, básicamente, la estructura intuitiva en la que se basa casi cualquier narrativa que nos cautiva. En síntesis, se compone de tres fases esenciales:

  1. Inicio o Planteamiento: Aquí presentamos a nuestro personaje principal, el mundo en el que vive y su situación inicial. Es donde el lector descubre qué desea el personaje o qué le falta para alcanzar su equilibrio.
  2. Nudo o Conflicto: Algo rompe la normalidad. El personaje debe enfrentar un obstáculo significativo, tomar decisiones difíciles o resolver problemas inesperados. Es la sección donde emergen las tensiones, los desafíos y las sorpresas que impulsan la trama.
  3. Desenlace (o Resolución): El personaje llega al clímax de su experiencia, el punto de no retorno, donde algo crucial cambia para siempre. Puede ganar o perder, pero lo fundamental es que nunca regresa a su estado inicial. Ha sido transformado por su viaje.

Casi cualquier historia, sin importar su género o complejidad, puede contarse utilizando esta estructura. Si bien existen variantes, en esencia, toda narración plantea una situación, introduce un conflicto y llega a una resolución. Les decía antes que una historia no puede ser lineal, y la razón es simple: si presentas a un personaje sin conflicto alguno, la historia carecerá de tensión y terminará sin ningún desarrollo interesante o memorable para el lector.

Por ejemplo, consideremos la siguiente "historia": "Carlos iba al cine. Salió de su casa. Tomó el autobús. Se bajó cerca del teatro y entró. Fin."... ¿Qué sintieron? ¿Les impactó en lo más mínimo?

Ahora, vean la diferencia con esta pequeña variación: "Carlos iba al cine, pero antes de salir de su casa, su madre le advirtió que se avecinaba una tormenta inusual. Carlos, con una sonrisa desafiante, ignoró las palabras de aquella mujer y tomó camino hacia el teatro, sin imaginar que nunca volvería a su hogar."... ¿Ahora?

No me pregunten qué le pasó a Carlos; se los dejo completamente a su imaginación. Mejor, veamos gráficamente cómo estas narraciones se diferencian en su estructura:



En un arco narrativo donde no existe un conflicto, la historia carece de altibajos significativos. Sus personajes no encuentran la necesidad ni el impulso para cambiar, pues ningún suceso trascendente ha irrumpido para transformar su mundo. Como resultado, terminan su viaje sin haber evolucionado en absoluto, tal como vimos en el primer ejemplo de Carlos.

Pero, ¿qué sucede si un conflicto aparece? La dinámica de la historia cambia radicalmente, como verás ilustrado:

Tu personaje se presenta en un punto inicial (A). A medida que la narrativa avanza, comienza a zigzaguear —porque, como mencionamos, una historia no es lineal—. Poco a poco, los personajes van enfrentando y superando diversos acontecimientos que sirven de antesala al conflicto mayor. Con cada desafío, la curva de la historia asciende dramáticamente, elevándose más y más, hasta alcanzar su punto más alto: el clímax.

En este pico, tus personajes ya poseen una visión del mundo completamente distinta. Piensa en la diferencia entre contemplar un paisaje desde la orilla de la playa versus estar de pie en la cima de una imponente montaña: tu percepción cambia radicalmente a medida que avanzas y asciendes.


Y una vez que se alcanza ese punto culminante, comienza el descenso, que no es otra cosa que el proceso de resolución de ese conflicto central. Si te fijas bien en la representación gráfica, notarás que el punto final (B) no está a la misma altura que el punto inicial (A). ¿Por qué? Porque tus personajes ya no son los mismos que al principio. Han perdido esa 'ingenuidad' original; han evolucionado, se han transformado por completo al enfrentar y superar el conflicto que los llevó a ese punto en primer lugar.


Ahora bien, hay algo crucial que debo señalar de inmediato: si bien hemos hablado de este arco narrativo clásico, no lo consideres un mapa inmutable que debas seguir al pie de la letra. Como ya mencioné, existen numerosas variantes y adaptaciones; esta es, simplemente, la forma más intuitiva y extendida en la que se construyen las historias.

Pero aquí radica lo verdaderamente importante, aquello que debes recordar SIEMPRE al momento de concebir tu narrativa: tus personajes principales, sí o sí, deben recorrer una ruta de transformación. Esa ruta, con todos sus altibajos y giros inesperados, será el viaje que tú les diseñes. Si decides enfrentarlos a un conflicto —y, te aseguro, la mayoría de las historias memorables lo hacen—, no puedes esperar que mantengan su ingenuidad inicial. Es imposible que atraviesen tormentas y batallas sin que algo dentro de ellos cambie.

Es tu responsabilidad como autor dotarlos de un desarrollo profundo y significativo. Esto puede manifestarse como una evolución, donde el personaje crece, aprende y se vuelve una mejor versión de sí mismo; o, por qué no, como una involución, donde las experiencias lo arrastran a un estado más oscuro o complejo, un tema fascinante que, con gusto, exploraremos a fondo en futuras entregas. Por ahora, concéntrate en este principio fundamental: tus personajes deben salir de la historia siendo diferentes a cómo entraron.

Tu meta es crear historias que resuenen, que dejen una huella. Y eso se logra desarrollando arcos narrativos enriquecedores que permitan a tus personajes experimentar un cambio auténtico. Pero, ¿cómo lograrlo? ¿Cómo darles vida a estas transformaciones?



¿Cómo arrancar aunque no tengas una idea completa?


Hemos hablado de la estructura y de cómo los personajes se transforman en sus viajes. Pero la pregunta sigue siendo: ¿Cómo arrancar a escribir si aún no tienes una idea completamente desarrollada o te sientes intimidada por la página en blanco? ¡La buena noticia es que no necesitas tenerlo todo resuelto para empezar! El arte de escribir, a menudo, se descubre en el proceso mismo.

Aquí viene la parte más liberadora: ¡simplemente, empezar! Incluso si tu concepto es apenas un susurro, puedes encender la chispa con estas estrategias probadas, diseñadas para desbloquear tu creatividad y poner tu pluma (o tus dedos) en movimiento:


Ejercicio 1: Tormenta de ideas sin filtros (Brainstorming libre)


Abre un documento en blanco o toma una hoja y un bolígrafo. Durante cinco minutos ininterrumpidos, escribe absolutamente todo lo que se te ocurra. Sin juicios, sin pausas, sin editar. Pueden ser palabras sueltas, fragmentos de recuerdos, nombres de lugares que te fascinan, descripciones de personajes que te intrigan, objetos que guardan un secreto, o emociones que te rondan. Permite que todo fluya sin filtros, descargando tu mente sobre el papel. Al releer lo que has escrito, te sorprenderás al encontrar conexiones inesperadas y auténticas semillas de historias que estaban esperando germinar.


Ejercicio 2: Empieza con la chispa de un personaje


Las historias, en su esencia, son sobre personas. Así que, si no sabes por dónde tirar, piensa en alguien. Puede ser una persona real que conoces (con la libertad de ficcionalizarla, por supuesto), o alguien que brote completamente de tu imaginación. Hazte preguntas clave: ¿Cómo se llama? ¿Qué edad tiene? ¿Cuál es su deseo más profundo? ¿Qué miedo lo paraliza? Una vez que lo tengas, imagina un solo día en la vida de ese personaje... un día en el que algo, por pequeño que sea, cambie su realidad. Por ejemplo: "Julio, de 11 años, anhela ganar el trofeo de ajedrez del colegio. Le aterra el fracaso, pues su hermano mayor, siempre impecable, parece ganar en todo lo que emprende."


Ejercicio 3: Plantea un conflicto, por diminuto que sea


Recuerda: no necesitas idear una trama épica que salve el universo. Los conflictos más poderosos suelen ser aquellos que resuenan con la experiencia humana. Un buen punto de partida puede ser un conflicto pequeño pero cargado de peso emocional para tu personaje: la pérdida de un objeto valioso, una mentira que se sale de control, el vértigo de un amor incipiente, una discusión que amenaza una amistad, o un dilema moral cotidiano. Elige algo simple, sí, pero que tenga el potencial de generar una verdadera transformación interna o externa. Por ejemplo: "Julia lleva semanas queriendo hablar con su mamá, pero siempre la encuentra ocupada, absorta en el trabajo. Hoy es su cumpleaños, y Julia, con una resolución inusitada, decide que ya no va a esperar más; este día será diferente."


Ejercicio 4: Cuéntalo como si hablaras con un amigo


La escritura es, en el fondo, contar. Deshazte de la presión de la "obra maestra" y simplemente narra tu historia en voz alta, o escríbela como si estuvieras contándosela a tu mejor amigo. Sin adornos literarios, sin preocuparte por la gramática perfecta, sin buscar la frase más pulida. Solo cuenta lo que pasó, quiénes estaban involucrados, qué sentiste tú o tus personajes. Verás que, a menudo, la historia más auténtica y conmovedora emerge cuando soltamos la autoexigencia de escribirla "perfecta" y nos permitimos simplemente contar.


Hemos explorado juntas cómo desatar la creatividad y dar los primeros pasos. Pero el viaje de la escritura, como la vida misma, tiene sus propias mareas. Es natural que surjan dudas o que el entusiasmo inicial se atenúe. Por eso, aquí te comparto algunos consejos esenciales para mantener ese impulso y asegurar que tu voz siga encontrando su camino hacia la página:



1. Escribe sin juzgar (al principio, al menos)


Esta es, quizás, la regla de oro del primer borrador: no tiene que ser bueno. Solo tiene que existir. Permítete la libertad de escribir mal, de ser torpe, de ser confusa, de divagar. Es una fase intrínseca y vital del proceso creativo. Piensa en ello como esculpir la arcilla: primero le das una forma general, imperfecta, y solo después, cuando la base está hecha, empiezas a refinar los detalles. El juicio crítico, la corrección, la búsqueda de la palabra perfecta... todo eso viene después, en la fase de edición. La escritura creativa, en su fase de gestación, necesita absoluta libertad para florecer sin cadenas.



2. Establece una meta pequeña y alcanzable


La idea de "escribir una novela" puede sentirse como una montaña insuperable y, a menudo, paraliza antes de empezar. Mi sugerencia es simple: no pienses en la obra magna; piensa en escribir hoy. Establece metas minúsculas, casi ridículas, que sepas que puedes cumplir: un párrafo al día, apenas 200 palabras, o dedicar solo 10 minutos a tu historia. Estas metas, por modestas que parezcan, son poderosos generadores de confianza. Cada vez que las alcanzas, validas tu compromiso y construyes una inercia imparable. Con el tiempo, te darás cuenta de que escribes más y más, casi sin notarlo, simplemente porque has cultivado el hábito.


3. Comparte y busca retroalimentación (feedback)


Escribir puede ser un acto solitario, pero crecer como escritor es un camino que se enriquece con la comunidad. Busca un grupo de escritura, un amigo lector de confianza o una comunidad online donde puedas leer lo que otros crean y, valientemente, compartir lo tuyo. Recibir retroalimentación es una herramienta invaluable que te ayuda a ver tu texto con otros ojos, a pulir tu escritura y, crucialmente, a mantenerte motivada. No todos los comentarios serán útiles o resonarán contigo –aprende a discernir–, pero la mayoría te ofrecerán nuevas perspectivas que impulsarán tu crecimiento.


Para que veas cómo todo esto se materializa, tomemos una "semilla" de historia y apliquemos el arco narrativo clásico que hemos explorado, observando cómo un simple conflicto puede generar una profunda transformación:


Semilla de una historia: "Ana quiere revivir una receta de su abuela, pero no recuerda los ingredientes exactos."



  • Inicio (Planteamiento): Ana, sumida en la tranquila soledad de su hogar tras el reciente fallecimiento de su amada abuela, encuentra una vieja libreta de cocina con caligrafía ya desvanecida. Entre sus páginas, descubre una nota que menciona "el plato favorito de la abuela". Una ola de nostalgia la invade, y decide que hoy, más que nunca, preparará esa receta. Es su forma de aferrarse a un recuerdo.


  • Nudo (Conflicto): Al revisar la lista de la receta, Ana se topa con un problema inesperado: faltan varios ingredientes clave o las cantidades son ilegibles. Aquí surge el conflicto, tanto externo como interno. ¿Deberá sustituirlos, arriesgándose a alterar el sabor original y "fallarle" a la memoria de su abuela? O, peor aún, ¿está realmente lista para zambullirse en esos recuerdos tan vívidos y dolorosos que la cocina de su abuela evoca? La incertidumbre y la tristeza se mezclan con su deseo de conexión.


  • Desenlace (Resolución y Transformación): Con el corazón palpitante, Ana toma una decisión: improvisa con lo que tiene, guiándose por su intuición y los débiles recuerdos del aroma. El resultado final no es idéntico a lo que recordaba, pero al probarlo, una cascada de sensaciones la inunda. El sabor imperfecto, pero lleno de alma, le devuelve la calidez de los momentos compartidos. Las lágrimas brotan, sí, pero pronto se mezclan con una sonrisa de pura sanación. Tomando su propia libreta, Ana anota la receta con sus variaciones, añadiendo una nueva capa de sí misma a la tradición familiar. Siente que ha recuperado algo mucho más valioso que una simple receta: ha honrado un legado, ha aceptado su dolor y ha encontrado una nueva forma de seguir adelante, integrada con su pasado y su presente. La rabia, el dolor de la pérdida, se han transformado en un acto creativo de amor y memoria.


Pd: todos hemos sido Ana alguna vez 😭




Al final de este recorrido, espero que una verdad se haya revelado con claridad: contar historias no es un don místico reservado para unos pocos elegidos. Es, en su esencia, una manifestación profunda de nuestra humanidad, una habilidad tan inherente a nosotros como la respiración. Y como cualquier habilidad, esta se cultiva con paciencia, con curiosidad insaciable y, sobre todo, con una valentía inquebrantable para explorar el mundo interno y externo.

Cada gran narrativa, por compleja que parezca, siempre comienza con una chispa diminuta: una idea fugaz, la voz de un personaje en tu mente, o un conflicto que te ronda. Lo importante no es la magnitud de esa chispa inicial, sino la decisión de encenderla. Como hemos visto, no necesitas un plan maestro desde el primer día. Con una estructura narrativa básica como guía y ejercicios sencillos y accesibles a tu alcance, puedes empezar hoy mismo a darle forma a tu propia voz.

Recuerda siempre esta premisa liberadora: no te preocupes por escribir perfecto; preocúpate, simplemente, por escribir. Permítete la imperfección del primer borrador, la torpeza inicial. Confía en el proceso, pues es en ese acto de volcar tus pensamientos y emociones sobre el papel donde reside la verdadera magia.

El primer paso crucial, el de la curiosidad y el deseo, ya lo has dado al leer este artículo. Has abierto la puerta a la posibilidad. El siguiente paso, el más emocionante y transformador, ese sí, está completamente en tus manos. Tu historia está esperando ser contada.