Daniel "Kensho" Furuya nació en 1948 en la ciudad de Pasadena, California en Estados Unidos. Comenzó en las artes marciales a los siete años y recibió su primo mer cinturón negro en Kendo a la edad de 10 años y su cinturón negro en Aikido a los catorce años. Furuya Sensei puede contar con varios prolíficos marciales como sus maestros, como: Terao "Tigre" Mori, Mitsunari Kanai, Takeshi Mitsuzuka y Kisshoma- ru Ueshiba, por nombrar a otros nosotros. Furuya estudió en la Universidad de la Ciudad del Sur de California y la Universidad de Harvard y recibió su título en Estudios Asiáticos y Religiones Orientales. En 1969, estudió en la sede mundial de Aikido - Hombu Dojo bajo la dirección del Segundo Doshu, Kisshomaru Ueshi-ba de la Fundación Aikikai Hombu Dojo. En 1974, Furuya Sensei fundó el Aikido Center de Los Ángeles en Hollywood, California, pero luego, en 1984, trasladó su dojo a su ubicación permanente en el centro de Los Ángeles, Little Tokyo. En 1989, Furuya Sensei fue ordenado sacerdote Soto Zen bajo la tutela del Reverendo Kenko Yamashita en el Templo Zenshuji y recibió el nombre de "Kensho" de su maestro. Furuya Sensei fue un escritor prolífico y considerado un experto en Aikido, espadas japonesas, marciales y cultura japonesa. Furuya Sensei falleció el 6 de marzo de 2007, mientras daba clases.

Kensho Furuya (1948-2007)
El reverendo Kensho Furuya, fue el Jefe Instructor residente del Centro de Aikido en Los Ángeles y del Centro de Iaido Kenshikai del manejo de espada de Los Ángeles desde 1984 hasta 2007 año de su fallecimiento. Este libro es una compilación de artículos escritos entre 1988 y 1995 con el nombre The Ancients Ways, esta columna pertenece a la revista de artes marciales Martial Training o, como es más conocida, MA Training.
En estos cuarenta y un ensayos de este libro podrá encontrar que estas lecciones están inspiradas en las enseñanzas y en la sabiduría de los ancianos. Son lecciones de los profesores y de los artistas marciales que dedicaron sus vidas para enseñarnos, por eso creo que deben ser preservadas como tesoros para todos nosotros y para las generaciones futuras. Espero que estos pequeños pedacitos de sabiduría les inspiren y les dirijan en cierta manera en su entrenamiento, en sus vidas, como me han inspirado y me han apoyado a mí por muchos, muchos años.