«Un equipo de científicos vinculados a la NASA —no católicos— ha demostrado, después de tres años de investigación, que el "individuo" enterrado hace dos mil años en una cueva próxima a Jerusalén y que fue conocido con el nombre de Jesús de Nazaret emitió —treinta y seis horas después de muerto— una misteriosa y desconocida radiación que chamuscó la sábana que le cubría…»