QUINCE MIL DÓLARES EL LITRO
QUINCE MIL DÓLARES EL LITRO
Leyendas urbanas con expediente judicial. Los relatos que la gente creyó y el daño que dejaron por escrito.
En noviembre de 2009, la policía peruana convocó a la prensa en Lima para presentar a una banda de asesinos. Sobre la mesa de evidencias había dos botellas de refresco llenas de un líquido amarillo y espeso. Un oficial explicó que se trataba de grasa humana, extraída de campesinos secuestrados en la selva de Huánuco, destinada a laboratorios europeos de cosmética que pagaban quince mil dólares el litro. La historia coincidía punto por punto con el pishtaco, el degollador andino que los quechuas cuentan desde la Conquista. Semanas después, los cirujanos plásticos de Lima explicaron que las clínicas estéticas tiran la grasa que nadie quiere y el caso se deshizo. Los detenidos ya habían aparecido en la televisión nacional.
Este libro reúne veinte leyendas urbanas que dejaron un rastro verificable: sentencias, actas de necropsia, comunicados sanitarios, recomendaciones de derechos humanos, veredictos millonarios. Un pueblo de Puebla quemó vivos a dos hombres frente a un teléfono que transmitía en vivo. Un mercado de Huehuetenango mató a pedradas a un turista japonés que tomaba fotografías. Seiscientas internas de un colegio de Chalco dejaron de caminar al mismo tiempo después de que corriera la historia de una ouija en los dormitorios. Una empresa de jabones ganó 19.25 millones de dólares en tribunales por una historia sobre el diablo en su logotipo. Un pueblo de Almería mató a un niño en 1910 para curar a un tuberculoso con grasa humana, porque así lo mandaba la leyenda del sacamantecas.
Cada capítulo reconstruye el relato tal como circuló, rastrea dónde apareció por primera vez y documenta con nombres, fechas y cifras lo que ocurrió después. La frontera entre lo que la gente contó y lo que quedó probado se dibuja en cada página. Para lectores de crónica, true crime y periodismo de investigación interesados en el momento exacto en que una historia inventada empieza a producir cadáveres, juicios y facturas.