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¿Cómo poner límites entre el trabajo y el cuidado si trabajas desde casa?

Hace un par de décadas me enamoré de la idea de trabajar mientras disfrutaba de un día en la playa. Quería una vida de aventura: viajar, escribir, publicar mis experiencias en un blog, todo desde la laptop. Nunca lo logré. Nunca descifré cómo.


Años después me convertí en mamá, y la idea del trabajo remoto regresó — pero esta vez no era por aventura, era para poder quedarme en casa cuidando a mi bebé un poco más. Aun así, mi camino se fue por el trabajo presencial.


Y entonces llegó marzo de 2020.


De un día para otro, ya no era solo yo idealizando el trabajo remoto — se volvió obligatorio. Por fin viví ese sueño: abrir la laptop, contestar correos, moverme por la casa entre tareas. Fueron los tres meses más desgastantes de mi vida.


Nadie estaba preparado. Las empresas seguían pensando que "trabajar" era estar pegada a la pantalla ocho horas, aunque el trabajo ya estuviera terminado. Las escuelas mandaban tareas que había que resolver con fotos y videos a cualquier hora. Y en medio de todo eso, las mamás nos volvimos también maestras, enfermeras y cuidadoras de tiempo completo, sin que nadie ajustara el reloj.


Ahí entendí algo que no se me ha olvidado: el problema nunca fue dónde trabajamos. Es cuánto cargamos al mismo tiempo.



Lo que nadie cuenta en la cuenta

Durante mucho tiempo, cuidar de una casa y de las personas que viven en ella se consideró "lo que le toca hacer a una mujer" — no trabajo. Pero basta preguntarse: ¿cuánto tiempo se destina para cuidar a alguien? ¿Existe esfuerzo físico y mental para cuidar a otras personas?


Ese trabajo tiene un peso real, aunque no aparezca en un salario. En México, en 2024, el trabajo del hogar y de cuidados tuvo un valor equivalente a casi el 24% del PIB del país — más que toda la industria manufacturera. Y casi tres cuartas partes de ese valor lo aportamos las mujeres.


Contar el trabajo de la casa y el trabajo remunerado por separado no explica lo que de verdad se siente: cuidar mientras se trabaja, al mismo tiempo, sin pausa entre uno y otro. A eso solemos llamarlo "multitasking", como si fuera un talento. Yo prefiero llamarlo: sobrecarga.


La flexibilidad no cambia cuánto cargas — cambia dónde lo cargas

El día de una mujer que trabaja y además es la cuidadora principal se ve más o menos así: levantarse temprano, alistar a los hijos, dar desayuno, preparar comidas, ir a trabajar, volver por los hijos, tareas, actividades, cena, limpiar, dejar todo listo para mañana, dormir tarde.


Cuando ese trabajo es remoto, cambia el lugar donde pasa — pero no la cantidad. En lugar de trasladarte, sigues en casa combinando trabajo con cuidado, a veces esperando a que los niños se duerman para por fin "empezar" a trabajar de verdad.


Nos hacen creer que las opciones son solo dos: doble jornada con traslado, o doble jornada sin traslado. Es una pregunta tramposa — porque asume que cuidamos solas, sin red, sin apoyo, sin poder delegar ni elegir qué es prioridad. Y encima, nos deja con la culpa de no lograr "conciliarlo todo", como si fuera un asunto de habilidad personal y no de una carga real, repartida de forma desigual.


Tres cosas que sí puedo controlar, aunque no resuelvan todo

No tengo la fórmula para acabar con la sobrecarga — nadie la tiene. Pero sí hay tres herramientas concretas que uso cada semana para bajarle el peso a los días, aunque no cambien la estructura completa de fondo:


1. Una rutina visual para mis hijos. Saber qué hacer en la mañana o en la noche ayuda a crear una estructura. Una rutina a la hora de dormir comienza estableciendo la hora y los pasos a seguir. Así dejamos de inventar actividades al término del día y tanto los hijos como los padres saben qué hacer. Para esto uso la plantilla de rutinas infantiles, pensada para que los niños interactúen y fomenten hábitos saludables.


2. La Matriz de Eisenhower, todos los lunes. Antes de que la semana me atropelle, separo lo que es urgente e importante de lo que solo se siente urgente. No elimina el trabajo, pero sí elimina la culpa de no llegar a todo — porque ya decidí, con la cabeza fría y no a las 11pm, qué sí y qué no. Tengo una versión gratuita de esta matriz que se llama Decide con claridad.


3. Bloques de tiempo, no multitasking. En vez de intentar trabajar y cuidar al mismo tiempo todo el día, marco bloques: este es tiempo de trabajo, este es tiempo de cuidado. No siempre se respeta perfecto, pero tener el bloque marcado en algún lado me ayuda a soltar la mitad de mi cabeza que no necesito usar en ese momento. Platillas como estas las pueden encontrar en el Kit Todo bajo Control


Ninguna de las tres es magia. Son solo estructura — la que a mí me ha faltado más que tiempo.



Sigo buscando

Mi sueño de encontrar una flexibilidad que de verdad se adapte a mi vida sigue vivo. Renuncié a la jornada completa presencial por la media jornada y una maternidad más presente. Y todavía hay días en que buscar esa flexibilidad se siente como buscar algo de lo que todos hablan, pero que nadie ha visto de verdad.


Te lo pregunto a ti: ¿te sientes culpable por trabajar? ¿has encontrado alguna forma de bajarle el peso a los días? La rutina diaria nos va mostrando los retos, uno por uno — a veces solo hace falta pararnos a mirarlos de frente.