Sobre mí.
Hola, mi nombre es Carla, lo de Blau es inventado.
Me considero una persona empática, sensible, cariñosa, dulce, tranquila, aventurera, creativa y expresiva. Amo la naturaleza, los animales, los silencios que sanan, cantar, bailar, la poesía, los masajes, el deporte, crear cosas desde el corazón, ayudar a los demás, los abrazos… y el amor. Siempre el amor.
Desde pequeña me sentí diferente, como la oveja negra. Me decían que era demasiado sensible, que tenía que ser más fuerte, que exageraba, que no podía estar siempre dándole vueltas a todo. Sentía que me afectaban cosas que a los demás no: los ruidos fuertes, las luces intensas, las etiquetas de la ropa, las emociones de otras personas. Nunca me sentí parte de ningún grupo. Prefería los espacios pequeños, las conversaciones profundas con personas mayores o con niños, o la compañía tranquila de un animal antes que la de muchas personas. Siempre fui “la rara”. Y necesitaba tener ratos a solas cada día para poder estar bien. Crecí creyendo que había algo en mí que debía corregir. Pero decidí hacer un viaje profundo de autoconocimiento, descubrí mis heridas de infancia, trabajé para sanarlas, y un día, hice un test que reveló algo que me cambió la vida: Felicidades eres ¡PAS! (Persona Altamente Sensible), has obtenido un 95 sobre 100, por lo que eres un 95% PAS. Eso lo explicó todo. Sentí alivio, entendimiento… y un deseo inmenso de compartirlo. Conté mi experiencia en un vídeo, y lo que recibí fue un reflejo multiplicado: personas que, como yo, habían pasado gran parte de su vida intentando encajar en un mundo que les pedía ser menos. Desde entonces, algo dentro de mí cambió. Entendí que mi sensibilidad no era una debilidad, era mi mayor fortaleza. Y supe que quería dedicar mi vida a acompañar a otras PAS a descubrirlo también.
Así nació mi canal “Almas sensibles”. Un espacio seguro y lleno de amor que crece cada semana. Allí comparto reflexiones diárias desde mi experiencia, mi formación y mi corazón.
Mi historia no fue fácil. Fui víctima de abuso sexual en la infancia por parte de un amigo de mis padres y sufrí maltrato físico y psicológico por parte de mi expareja. Y esas heridas me acompañaron durante mucho tiempo. Impotencia, culpa, vergüenza, rabia, ansiedad, miedo, inseguridad... me rompí muchas veces. Me perdí. Me alejé de mí. Pero un día decidí sanar. Decidí dejar de huir y empezar a mirarme. A reconocer el dolor. A abrazar a la niña que fui, a la mujer que sobrevivió… y a la que hoy camina con el corazón más abierto que nunca. Sanar no fue rápido. Ni fácil. Pero fue lo más valiente y bonito que he hecho por mí. Y por eso hoy puedo decir que no soy lo que me pasó. Soy lo que elegí hacer con ello. Y elegí reconstruirme. Elegí vivir. Elegí ayudar a otras personas a reencontrarse también con su fuerza, su verdad y su amor. Y no, no tengo todas las respuestas, pero sí un propósito claro: que nadie más se sienta solo/a e incomprendido/a por sentir demasiado y que podamos convertir nuestras heridas… en fuerza, conciencia y AMOR.
Mi formación.
Aunque no me definen los títulos, sí han sido herramientas valiosas en este camino. Cada formación fue una pieza más en mi proceso de reconstrucción, comprensión y entrega. Me he formado en:
Life Coaching y Coaching Neurobiológico.
Terapia Cognitivo-Conductual y Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).
Mindfulness y Garabatos Terapéuticos.
Heridas de la infancia y ansiedad.
Programación Neurolingüística (PNL).
Psiconeuroinmunología clínica.
Educación Infantil.
Motricidad humana y conducción de actividades físico-deportivas en el medio natural.
Microbiota intestinal y alimentación antiinflamatoria.
Coach Nutricional, Deportivo y de Autoconocimiento.
Actualmente, estoy formándome en budismo laico y filosofía estoica. Dos caminos que me conectan profundamente con la presencia, la aceptación y la paz interior. Y sé que nunca dejaré de aprender. Porque el conocimiento es infinito. Y la vida también es maestra. Todo lo que aprendo, lo vivo primero en mí. Y todo lo que comparto, lo hago desde mi experiencia, mi formación y un profundo respeto por cada proceso humano. Porque cada persona es un mundo. Y acompañar no es dirigir, es caminar al lado. No para decirte quién eres, sino para recordarte lo que quizá has olvidado: que eres suficiente. Que mereces paz. Y que puedes volver a casa: a ti.