Carrito de la compra
Loading

La herida invisible del abandono

Hay heridas que no sangran, pero duelen como si nunca fueran a cerrar.

A veces te sorprendes reaccionando con demasiada intensidad a cosas pequeñas, como si dentro de ti viviera una alarma que no sabe apagarse.

No es drama.

No es exageración.

Es abandono.

El abandono no siempre es físico.

A veces es crecer sin que te vean, sin que te escuchen, sin que celebren tu existencia.

Y entonces, cuando eres adulta, buscas señales en todas partes para asegurarte de que no te vuelvan a dejar.

Por eso te duele cuando tardan en contestar.

Por eso te asusta que todo vaya bien.

Por eso te cuesta confiar.

No estás loca.

Estás cargando con una niña interior que aprendió a cuidarse sola.

La buena noticia es que esa herida no te define.

Que puedes aprender a abrir la puerta poco a poco, a dejar que te quieran sin miedo, a construir un hogar distinto al que te tocó.

La herida del abandono es invisible, sí.

Pero tu fuerza… esa se nota en todo lo que has sobrevivido.