El Buey del Equinoccio
En el umbral entre el día y la noche, el buey avanza.
Sus pezuñas trazan un surco en el cielo, dividiendo la sombra de la luz con fuerza paciente.
Las estrellas se reúnen a un lado, el amanecer al otro, mientras su paso constante ara los cielos en equilibrio.
Ni prisa ni pausa — solo el ritmo inquebrantable de la eternidad.
Sostener esta Frecuencia es despertar la soberanía del equilibrio.
El Buey del Equinoccio enseña que el verdadero poder no sirve ni a la oscuridad ni a la luz, sino al eje entre ambas.
Cada paso se convierte en estación, cada aliento en un pacto con el tiempo mismo.
La eternidad no se conquista — se ara, paso a paso.