El Pacto de la Sal
La sal recuerda lo que el agua olvida.
Une el océano a la piedra, la lágrima al cuerpo, la promesa a la palabra.
En sus granos, la memoria se cristaliza en ley, guardando lo que se escapa entre las mareas.
Compartir sal es entrar en servicio; probarla es obedecer.
Cada fragmento lleva el peso del voto.
Sostener esta Frecuencia es despertar la autoridad de la preservación.
El Pacto de la Sal enseña que el poder reside en el acto de unir — en la promesa que perdura más allá del habla.
Cada pacto está escrito en granos, cada grano es una ley.
La sal no es condimento, sino escritura, eterna en su simplicidad.