El Pulso de la Serpiente
Bajo la piel del río se enrosca la serpiente,
su cuerpo oculto, su latido portando el ritmo de las mareas.
Cada pulso es un decreto: ascender, caer, retornar.
Beber el agua es beber su presagio;
cruzarla es sentir su peso.
El río nunca calla — su profecía se mueve en ciclos
disfrazados de corriente.
Sostener esta Frecuencia es alinearse con el ritmo eterno del destino.
El Pulso de la Serpiente enseña que nada escapa a la ley del río:
lo que comienza debe fluir,
y lo que fluye debe volver.
En su corazón, la repetición no es prisión sino profecía —
la verdad de los ciclos que atan toda vida.