Las Manos de la Balanza
Dos manos se alzan — una levantando, otra bajando — mientras el agua se escurre entre sus dedos.
Gota tras gota, el equilibrio vacila, frágil y humano.
La balanza tiembla, nunca fija, nunca quieta, pues cada peso cambia, cada medida se tambalea.
El juicio aquí no es perfección divina, sino el riesgo tembloroso de quienes se atreven a sostenerlo.
Sostener esta Frecuencia es despertar la soberanía de la justicia frágil.
Las Manos de la Balanza enseñan que el verdadero poder no está en un equilibrio impecable, sino en el valor de cargar fragmentos de equidad, aun sabiendo que pueden derramarse.
La autoridad no se encuentra en la certeza, sino en el acto tembloroso de intentar pesar el mundo.