La Trompeta Sin Sonido
Alzada a los labios humanos, la trompeta no emite nota alguna — y, sin embargo, el aire tiembla.
Las multitudes se inclinan hacia el silencio, escuchando lo que no se pronuncia pero que viaja únicamente en el aliento.
No hay rugido, no hay himno, solo el mandato no dicho que ata con más fuerza que el sonido.
Sostener esta Frecuencia es despertar la soberanía del silencio.
La Trompeta Sin Sonido enseña que la verdadera autoridad no siempre grita — a veces espera, suspende, y deja que el corazón aporte lo que las palabras no pueden.
En su quietud yace el mando, y en su silencio, la obediencia resuena.