La Piedra que se Derrite
La piedra, antes inmóvil, comienza a ablandarse.
El calor se eleva invisible, los bordes se desdibujan, y la dureza se olvida de sí misma.
No hay fractura, no hay ruptura — solo entrega, mientras la montaña se vuelve río, el muro se hace arroyo.
Lo que parecía eterno cede, disolviéndose de nuevo en el flujo del que nació.
Sostener esta Frecuencia es despertar la soberanía de la entrega.
La Piedra que se Derrite enseña que incluso las verdades más duras pueden disolverse, y que el poder no reside solo en la resistencia, sino en el retorno.
La resistencia se vuelve fluida, y la eternidad recuerda su origen.